Lectura con Juliana: “Remembranza al costumbrismo” (I)

Por Juliana Uribe y Dianet Armenteros

4999Los abuelos representan sabiduría, en sus memorias conservan las costumbres más arraigadas de nuestra identidad.  Lectura  con Juliana dedicará su espacio al género del costumbrismo, esos  artículos  que con su manera de decir, nos  sacan los recuerdos y nos hacen reír.

Emilio Roig de Leuchsenring, primer historiador de La Habana, publicó desde 1935 hasta su deceso en 1964 una serie de crónicas en la revista Carteles que no solo sacaban sonrisas sino que también hacían reflexionar al lector.

Aquí le dejamos un fragmento  de “El baile, desenfrenada pasión del criollo”:

«… el baile enloquecía a nuestros tatarabuelos, bisabuelos y abuelos, mucho más que  hoy entusiasma a sus tataranietos, bisnietos y nietos».

Leyendo y releyendo —con las acotaciones marginales de que no puede prescindir quien, desde hace años y años, se ve forzosamente privado del placer de la lectura, como simple esparcimiento del espíritu, pues ha hecho de los libros elementos indispensables del trabajo diario— la interesantísima obra que acaba de publicar Horacio Ferrer médico ilustre y ciudadano ejemplar —Con el rifle al hombro—  en la que rememora sus andanzas patrióticas en la Revolución Libertadora y en la República, tropiezo, en el capítulo titulado ¡La Paz!, con el emocionado relato de la ocupación, por las fuerzas mambisas, al mando del brigadier Clemente Gómez, de las poblaciones de la provincia de Matanzas que iban siendo evacuadas por las autoridades y tropas españolas, después que el 24 de agosto de 1898, el Consejo de Gobierno de la República en Armas, dio por terminada la guerra contra España.
El 12 de septiembre abandonó la Brigada Norte del Ejército Libertador, de la que Horacio Ferrer, de 22 años, era jefe de Estado Mayor y gozaba de toda la confianza del brigadier Gómez, su campamento de guerra de Las Palizadas, en los breñales de San Miguel de los Baños trasladándose al demolido ingenio La Rosa, del patriota venerable Cristóbal Madan, a un kilómetro de Jovellanos.
Después de tres años y medio de durísimo guerrear, fue la casa de vivienda de dicha finca, el primer lugar civilizado que pisaron aquellos heroicos soldados de la libertad. «¡Que cambio tan radical —comenta Ferrer— en nuestra vida! Ahora nos alojamos en la casa de vivienda del señor madan: hacíamos burla de los aguaceros que caían a media noche; dormíamos en camas, comíamos sentados a la mesa y abundaban los obsequios de las familias de Jovellanos. Habíamos salido de la barbarie para penetrar en la vida civilizada». (sic)

Artículo histórico costumbrista publicado en la revista Carteles, 31(17): 82-83; 23 de abril de 1950.
Tomado de: Revista Opus Habana, Semanario digital, 22 de septiembre 2009.
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