Carta a su esposa ( 28 oct. 1930)

Sujum, 28 de octubre de 1930.

Querida Chela mía:

Mi traslado para aquí —el sanatorio— ha originado un aislamiento de muchos días. El 6 salí de Moscú y hoy —28— todavía no tengo ninguna carta, ni tuya, que Junco quedó en remitirme, ni de éste. Tu última carta, es decir, la última que leí, fue en Moscú; y tenía fecha 8 de septiembre. Después de esa fecha no sé de ti; sólo el cable del 27  me hizo saber que seguías siendo mi compañera y mi mujercita, tan preocupada siempre por mí. Chelusca: no tengo palabras para describirte cómo es mi vida aquí, cómo es de tediosa, de inútil; llena sólo de las cosas de la rutina cotidiana del sanatorio, y de una grande y sorda desesperación interior. Digo sorda, porque yo procuro acallar, apagar y hasta ignorar mi estado de ánimo, mi más profundo estado de ánimo, que es el de un encadenado. Tú me hablabas en tu carta del 8 de septiembre de la situación del  movimiento, de la falta que hago, del desaliento de los obreros que me creen necesario, que en general creen indispensable «el líder» para cualquier campaña. Yo sé que desgraciadamente todavía nuestros obreros necesitan «el líder individual», es decir, no ven claramente su líder —el Partido—, sino personificándolo en un individuo determinado. 42 En realidad yo no debo ser ese hombre, ni aspiro a tanto, porque sé que me faltan condiciones para ello;  pero sí soy consciente de que hago falta, por la carencia de  intelectuales en el Partido y en el movimiento obrero, por mi  conocimiento de nuestros problemas, de los intereses, psicología, virtudes y defectos de nuestro proletariado, y porque las circunstancias me llevaron a ocupar un lugar destacado a la cabeza del movimiento revolucionario. Yo sé que no obstante toda la represión, las expulsiones, los encarcelamientos, todavía quedan en nuestras filas buenos compañeros abnegados, y sé que de nuestras filas han surgido y seguirán surgiendo los líderes de hoy y de mañana. Pero, ¿hasta dónde son capaces esos compañeros de conducir el movimiento obrero de hoy en Cuba? No es el de ahora un movimiento económico, sindical, que va a desembocar en huelgas y a lograr pequeñas ventajas materiales. ¿Hay entre nosotros ahora, después de tantas bajas, quienes puedan ver la situación políticamente? ¿Comprenderán en cada momento nuestros dirigentes que la lucha obrera de hoy en Cuba es sólo una parte, un episodio de los primeros fuegos de la gran batalla mundial, es decir, que la lucha es eminentemente una lucha política, que va encaminada desde ahora a la insurrección y debe desembocar en la toma del poder? Mis temores ante los peligros que corre nuestra línea política son tan grandes como los que me inspiran los que corren la organización del Partido y la vida de los mejores militantes. ¡Y yo estoy aquí, a salvo de las garras de Machado, pero ¡tan lejos!, tan enfermo, tan inútil! Yo me conformaría, a pesar de lo mucho que amo, como tú sabes, la lucha en contacto directo con las fábricas y la masa, con vivir cerca de Cuba o en ella clandestinamente —separado físicamente de los trabajadores—, y realizar la obra que está ahora en su hora más oportuna: la  propaganda de nuestro programa y de nuestro Partido, la labor de prensa de clarificación clasista y de orientación revolucionaria que hoy es más necesaria que nunca. Ahora el proletariado de Cuba está maduro para que surja de su seno un grande, un verdadero Partido Comunista, es decir, para que el Partido se convierta en un Partido de masas. El fracaso económico del régimen capitalista, del régimen burgués-imperialista, está patente. Y en el orden político, ningún partido burgués —-ni aún la U.N.43— tiene bastante prestigio para gozar la confianza de las grandes masas, escépticas ante los viejos, repetidos, idénticos programas, palabras y juramentos. La simpatía de que disfruta la U.N —que es indudable— no se basa en la confianza política del pueblo, sino es el reflejo de su odio a Machado. Nuestro Partido está en el mejor momento para crecer,  para ganar el apoyo de miles y miles, de centenares de miles de trabajadores: él agita una bandera nueva, sin mancha; presenta ante las masas un programa audaz, revolucionario, de salvación: muchos de sus lemas por primera vez serán oídos por campesinos pobres, proletarios agrícolas, obreros atrasados; y estos lemas primero los deslumhrarán, luego los convencerán. No hay que desestimar,  demás, todo lo que ha aprendido el proletariado en sus últimas luchas. Creo que ya en otra carta —habiéndote de la debilidad actual de nuestro Partido y las últimas represiones—, te dije que creía lo más importante ahora la aparición del órgano: ignoro si está  saliendo: si sale aún desde aquí escribiría para él. La tarea primordial es ganar las masas, y en nuestras condiciones, la forma más practicable (y la que prepara el terreno para pasos aún más firmes) de ganar las masas, la forma de que hemos carecido siempre, es el órgano del Partido.

Chelita mía: no creas que mis preocupaciones políticas me impiden pensar en ti, no sólo como compañera del Partido, sino como mi  compañera de vida; te recuerdo mucho, en todo y con ocasión de todo. Aquí hay unas puestas de sol maravillosas, que me recuerdan las tardes del Vedado en los primeros días de nuestro amor. Y en las noches un cielo millonariamente estrellado invita a la   contemplación, pero en tu compañía. Yo me acuesto muy temprano,  a veces a las siete y media; pero desde mi cuarto, por la ventana, muy amplia, veo el jardín, el valle negro, y a veces el reflejo de la luna en el mar lejano. Y por esa ventana veo un gran pedazo de cielo. La otra noche algunos enfermos, que pasean por el jardín hasta las nueve y media, cantaron acompañados por una mandolina. Una de las canciones era como un estribillo que oímos juntos en Nueva York la noche que Beatriz nos invitó al pequeño party en casa de unos compañeros. ¿Te acuerdas? Apenas hablamos después respecto a aquella reunión, cuyos asistentes tengo tan presentes ahora; veo sus caras risueñas, sobre todo la del tocador de la guitarra, a quien tanto llamaste la atención; la de aquella fea, flaca y sin embargo no desagradable muchacha, con muy buena voz, que cantó el Ave María de Gounod; la «del cuento» de Vivó y la del buen mozo de su compañero; la del Chino Li cantando gravemente la Internacional… Nuestra vida en Nueva York —a pesar de las estrecheces, las incomodidades, mi enfermedad, etcétera— se me presenta ahora como una época feliz de luna de miel. Creo que es porque ésa fue la época en que vivimos más el uno para el otro. ¡Yo era tan feliz yendo y viniendo contigo! ¿Te acuerdas de nuestros viajes a La Perla? ¿Y de nuestra primera excursión por el Bronx, en que yo creí vivir algún cuento encantado de la niñez? Es una característica de los enfermos de tuberculosis hacer proyectos de felicidad: no sé si es por eso que todavía espero gozar contigo ratos de felicidad colectiva y personal.

Déjame darte algunas noticias de mi enfermedad. Hoy, 28, he pesado ciento ocho libras, es decir, aumenté cuatro libras. No es mucho, pero recuerdo que en todo el primer mes que estuve en Dependientes, no subí nada, sino bajé una libra. Parece que con el ciclón de mi enfermedad las mataduras salen a relucir: primero el cólico renal y la descomposición intestinal; ahora he pasado cinco días con una rinofaringitis aguda (inflamación de la nariz y la faringe), pero ya estoy bien. El laringólogo me dijo que tenía hipertrofia de las amígdalas y que más adelante debía hacerme unas cauterizaciones. He logrado que todas las comidas me las traigan al cuarto, y hago mucho reposo. Tengo temor del extravío de nuestra correspondencia: ¡da tantas vueltas! Para que sepas si alguna carta se pierde las voy a numerar. Hasta ahora te he escrito: la carta primera, fecha 17, desde Moscú: carta dos, muy larga, con fechas desde fines de agosto hasta 20 de septiembre, escrita durante mi gravedad en Moscú. Cartas tres y cuatro, con fechas 4 y 5 de septiembre;44 (en la carta cuatro adjunté una para papá el mismo día 6 de octubre que salí de Moscú). Cartas cinco y seis, de fechas 11 de octubre y 17 de octubre, escritas desde el sanatorio, de aquí. Y esta carta, a la que corresponde el número siete.

Chela: Yo comprendo ahora tu ansiedad cuando estuviste muchos días sin saber de mí y me cablegrafiaste. Hoy hace un mes que no sé de ti y estoy desesperado. Yo creo que en Moscú habrá carta tuya, pero aún no me ha llegado aquí. El correo entre este sitio y Moscú es pésimo. Yo voy a probar echar hoy una carta por vía directa para  Cuba, dirigida a Amargura, para que tú averigües en qué fecha llega, a ver si es más rápido escribir así, lo cual para nuestras cartas particulares será mejor. Esta irá por la vía Moscú, Alemania, y tú debes fijarte en qué día llegan una y otra. También el telégrafo funciona muy mal con Moscú.

Esto está muy lejos: en realidad yo no estoy en Rusia, sino en otra de las repúblicas que forman la URSS; esta república es Abjazia, que en ruso se escribe A6xa3HH . Desgraciadamente, muy poco podré aquí aprender del ruso, pues el ruso que estuvo en La Habana habla muy mal el español, ignora muchas palabras, y además me cae muy pesado. El estuvo de encargado en un taller y tienda de la calle de Bernaza 47 (de unos americanos); se llama Podolsky y su mujer vive en esa dirección y trabaja en la misma tienda como cajera. El es, como decimos en Cuba, un «infeliz»; siempre se está lamentando de su suerte, de su enfermedad, etcétera, pero esto no le impide ser en el fondo un reaccionario, tipo pequeño burgués. Es, además, muy pegajoso, entremetido, y con ese egoísmo y esa malignidad que  desarrolla la tuberculosis en los espíritus simples, o para ser más exacto, en los espíritus burgueses, que son los más inficionados de egoísmo. En cambio, hay aquí compañeros muy buenos, como mi compañero de cuarto, que es un obrero metalúrgico de Moscú, un plomero, como Gume y Miguelito Montero. ¿Qué haces tú? ¿Sigue tu gente viviendo en el Vedado y tú parando allí? ¿Cómo andas de dinero? ¿El viejo no te ha ayudado más? ¿Con quién o quienes te reúnes? ¿Cómo son tus relaciones para el «matrimonio prófugo »? ¿Qué hacen ellos? ¿No vas al cine? ¿No vas a comer a veces la sabrosa comida de María Juana? ¿Ya regresó Eduardo? Dale  recuerdos a M.J. y Esp. y Peña. ¿Cómo es el local de Revillagigedo, es más grande que Dragones? ¿Cómo está jurídicamente el asunto de la legalidad de la Confederación? ¿Sigue suspensa por el   gobierno? ¿Qué es del Chico? Continuamente pienso en él con gran temor. ¿Qué hay de los nacionalistas? ¿Cómo están por tu casa? Dale recuerdos a todos. Los muchachos estarán muy crecidos. Ya van a hacer siete meses (el 30) que salí de Cuba. Y tú llevas ya en esta fecha cerca de tres meses de vivir otra vez allí: agosto,  septiembre y octubre. ¿Cuándo nos reuniremos? Yo creo que yo estaré aquí, en el sanatorio, lo menos hasta febrero: mi lesión del pulmón derecho se transformó en los terribles meses últimos en una caverna. Pero ahora el proceso está paralizado. Sin embargo, tengo focos, es decir, lesiones en formación, en el pulmón izquierdo. Aquí he encontrado muy buenos médicos. Sin embargo, cuanto a  tratamiento, parece que sólo aplican el neumotorax. A mí me lo han recomendado; y no tengo más tratamiento que el «naturista», de alimentación, aire libre y reposo. Realmente, aunque aquí el clima y el aire son magníficos, creo que me repondría mucho más pronto en el Dependientes. (¿Tú sabes si papá ha seguido pagando el recibo?  Acaso aún necesite de la Quinta, es decir, acaso pueda utilizarla otra vez.) Realmente, si salgo de aquí en marzo, no es tiempo muy bueno para ir a Moscú: empieza entonces a subir ya la temperatura, y el frío seco del invierno crudo se va transformando en el frío húmedo de los fines del invierno, iguales a los del principio. Pero si en esa fecha estoy en disposición de salir de aquí, no quisiera prolongar mi estancia más tiempo. En general, para el caso de mi mejoría, y con relación al futuro, no pienso quedarme en Rusia; quiero volver a América… y además tengo la esperanza de poder regresar a Cuba, porque algún cambio político de importancia me lo permita. Si no, lo mejor para mí sería ir a trabajar al sur de Estados Unidos, contigo, por supuesto. Veremos: no hagamos proyectos todavía…

Yo quisiera escribirle a mucha gente: al menos a mis hermanos lo voy a hacer hoy; pero escribir me cansa, y además el papel es escaso (como ves, éste es el de copia de la I. L. D. y lo ahorro mucho). He comprado aquí mismo unas fotografías de partes del sanatorio, y te las envío. Esto antes era un hotel de lujo, como verás. Una la escribo para papá. A mis amigos, para no comprometerlos, voy a escribirle directamente en tarjetas postales, de modo que se pueda leer mi  correspondencia con ellos. (Veremos si llegan.) ¿Qué es de ellos? Salúdalos, sobre todo a Gener, Ramos, Torriente,46 Carrera,47 que sin ser de mis ideas tan bien se han portado. Y al Doctor48 y su hermana Mercedes y familia. Y a los tuyos todos. Para ti mi recuerdo de todos los días, de tantas veces al día; y el encargo de que abraces en mi nombre a los compañeros,
Tu

RUBÉN

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