La Casa de Gobierno o palacio del Capitán General por Emilio Roig

Por: Emilio Roig de Leuchsenring
En: La Habana de ayer, de hoy y de mañana (1928)

El Palacio del Capitán General o antigua Casa de Gobierno, que se levanta en uno de los costados de la Plaza de Armas, hoy de Carlos Manuel de Céspedes, y que fué residencia de los Gobernadores militares españoles y norteamericanos, del Gobernador Provisional Mr. Magoon y de los tres primeros Presidentes de la República, y que desde que se construyó el nuevo Palacio del Ejecutivo Nacional, durante la presidencia del General Mario G. Menocal, quedó dedicado, desde entonces, totalmente, en el Hotel de Ville de nuestra ciudad capitalina.

En el lugar que ocupa la Casa de Gobierno, se alzó primitivamente la primera y pobre iglesia parroquial que tuvo la Habana, hecha de tabla y guano, y que, al ser destruida por un incendio en 1538, se construyó de mampostería, pero siempre defectuosa y pequeña, hasta que en 1771 el Capitán General Marqués de la Torre, en vista del ruinoso estado en que se encontraba a causa de los desperfectos que sufrió en 1741 con la voladura, en el puerto, del navio Invencible, incendiado por un rayo el 30 de junio, hizo derribar la parroquia, aprovechando sus escombros para comenzar, allí mismo, en 1773, las obras de la Casa de Gobierno, futura residencia de los Capitanes Generales de la Isla, que hasta entonces habitaban en el Castillo de la Fuerza.

Lentamente marcharon los trabajos, debido entre otras causas, a la guerra con la Gran Bretaña que no permitía distraer en otra cosa ni la atención de los Capitanes Generales ni los escasos recursos disponibles, hasta que el Capitán General Don Luis de las Casas, de felice memoria, logró darle fin en 1792.

Pero aunque éste se albergó en la Casa de Gobierno, sólo se reservó las habitaciones altas que miran a la Plaza de Armas y a la Calle de O’Reilly, ocupando el resto del edificio: la Cárcel Pública, en el frente que corresponde a la calle de Mercaderes; el Ayuntamiento y sus oficinas, en las habitaciones y salones, que dan a Obispo; alquilándose, finalmente, los entresuelos y planta baja, que fueron ocupados por sastres, relojeros, impresores, y, principalmente, escribanos y contratistas, con las rentas de los cuales se amortizaban diversas obligaciones contraídas para la construcción del Palacio.

En 1834 fué trasladada la Cárcel a la Cabaña ampliándose con esa parte los locales ocupados por el Capitán General y el Ayuntamiento, adaptados debidamente durante el gobierno de Miguel Tacón. En 1838 se utilizó casi toda esta parte donde se encontraba la Cárcel, para instalar en ella la Audiencia Pretorial de la Habana, que acababa de crearse, y que permaneció allí durante cinco años, hasta que se trasladó a la casa de los Pedroso, cerca de la Punta.

 Las necesidades del Gobierno y Ayuntamiento obligaron posteriormente a desalojar de los entresuelos y planta baja a los tenderos y escribanos que los ocupaban. Diversos capitanes generales, y principalmente el general Tacón, realizaron varias mejoras y ampliaciones. En sus primeros setenta años se invirtieron en la Casa de Gobierno, según Pezuela, más de un millón de pesos fuertes.

El Palacio es un cuadrilátero de 80 varas exteriores por cada uno de sus lados y 22 varas de alto. El frente tiene nueve huecos formados por elegantes arcos sostenidos por diez columnas.

El zócalo es de granito y toda la construcción exterior de gruesos y sólidos sillares de roca conchífera, lo mismo que su patio central. Aunque ha sido despojado no sabemos por qué causas, de gran parte de sus mármoles, tallas de madera, muebles, estatuas, que adornaban y enriquecían sus salones y alcobas, y se han hecho, además, en unos y otras antiartísticas modificaciones, como cielos rasos y zócalos de yeso, horribles pinturas de colores chillones con el fin de modernizarlo, cegándose, por último, varias arcadas de su bellísimo patio genovés; a pesar de todo esto, no ha perdido sus líneas generales del más puro estilo español churrigueresco o barroco, y su grandeza palacial que lo convierten en el más interesante, típico y valioso edificio colonial que posee la Habana, ejerciendo, además, como atinadamente observa el arquitecto Pedro Martínez Inclán en su obra La Habana nueva, su arquitectura marcada influencia en la general de la ciudad, al extremo de que “las molduras, cornisas y otros adornos del Palacio se ven reproducidos en las mejores casas de la antigua época”.

Muchas son las portadas de la Habana antigua que imitan a la del Palacio Municipal, portada que aún se conserva con sus columnas jónicas y frontón coronado por el escudo de armas español, todo del mejor mármol italiano.

 

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