Carta a su hermana Judith (29 oct.1930)

Sujum, 29 de octubre de 1930.

Mi querida Chonita:

Tú habrás estado diciendo qué clase de hermano soy yo, que no te escribo, ni a ti ni a Esther y David, pero pensarás que sobre todo tú tienes más derecho a quejarte, pues yo pudiera haberte escrito al hacerlo a Ásela. Pero creo que ya ella te habrá dicho lo que le he escrito en ese sentido: me cansa escribir, además el papel que tengo no es muy abundante, y también mi vida está poco abundante asimismo en asuntos personales, fuera de los de mi salud, de la cual están al corriente por Ásela.

Pero de todos modos hoy quiero escribirle a los tres, aunque sólo sea para quitarles la mala impresión de mi silencio. Aquí estoy haciendo la vida monótona del sanatorio, mucho más aburrida aún que la de la Quinta de Dependientes, pues allí iban a verme los amigos y compañeros, ustedes mismo y Ásela; aquí he hecho buena amistad  con algunos enfermos, pero, naturalmente, muchos no están ligados a mí más que por la coincidencia en este sitio. El lugar es muy bueno, con un gran clima, y el paisaje es magnífico. En realidad estoy magnifícamente instalado y tratado. Aquí permaneceré…, no sé todavía cuánto tiempo. Acaso hasta el mes de febrero o marzo, en cuyo último mes hará ya un año de mi salida de Cuba.

¿Cómo estará el sinvergüenza de mi sobrino? Seguramente estará muy alto y le enmendará ya las traducciones a Tallet. ¿Sigues en Hoyo y Junco?, supongo que sí y que seguirás llevando a  Enguerrándito y que éste sigue siendo el encanto de la tía. En los días que salí de Moscú para acá supe la noticia de la clausura de Carteles, que toca de cerca a Pepe, pero supongo que el asunto se habrá arreglado, ¿Cuándo —al fin— publica éste su libro? ¿Tiene cosas nuevas? ¿Y cómo anda de sus achaques? (No le recomiendo que me escriba porque sé que no lo hace.)

Tu, Chona, debes no dar muchas clases orales; recuerda tus padecimientos de la garganta: yo sé lo que son las clases orales, cómo agotan y cansan, especialmente la garganta. Últimamente ha descubierto un médico que tengo «amigdalitis hipertróphica», acaso sea de lo mucho que he hablado en mi vida. Pero todavía tengo esperanzas de hablar más. Y de volver allá (para seguir la lucha) y de abrazar al bandolero de tu esposo, el bribonzuelo del bolsheviquito, y a ti, hermanita, con el cariño de siempre. Besos de

RUBÉN

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