Saludo fragante

Hada: el perfume es una lengua muda,
conocida por ti; de esta manera
va mi ramo de rosas y saluda
tu décima novena primavera.

Si hay flores en mi vida, ¡son tan tuyas!
Nacieron para ti, son tus hermanas;
por ti sonaron claras aleluyas
en la solemnidad de mis campanas.

Me diste, al ver mi soledad inmensa,
tu dulce nombre para mi divisa
y enjugaste la lágrima suspensa
sobre la falsedad de la sonrisa.

Arrancas sutilmente como espinas,
con tus manos divinas, mis dolores,
y en mi jardín recóndito dominas
como una flor, emperatriz de flores.

Y en el jardín que aroma tu presencia,
junto a las bocas suaves de las rosas,
tu boca constituye preferencia
de mis abejas y mis mariposas.

Tuyo es todo el jardín, pues tu pequeña
mano sembró las líricas semillas.
Oye decir con beatitud risueña
al jardinero, puesto de rodillas,

que hoy en el culto de la rosa roja,
donde la miel acendra su embeleso,
con reverencia mística deshoja
sobre tu piel la rosa de su beso.

Rubén Martínez Villena

Hexaedro rosa (1924)

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