Carta a su esposa (25 mar. 1930)

Mi Chele:

[…]
7. Sobre tus preocupaciones y el futuro. No debes angustiarte por nuestra ida a URSS. Tú sabes que es el único lugar seguro sobre la tierra para mí. No creas que a ti, que eres joven, te darán un trabajo como el de la mujer de R. Además, allí no podrás, ni tú ni yo, trabajar directamente entre los trabajadores, porque no poseemos el idioma. Tendremos sobre todo que trabajar para nuestro Partido y además estudiar. Estudiar idiomas, estudiar en la Escuela Oriental, ¿esto te parece mal? Yo comprendo la tristeza de abandonar la atención directa continua del movimiento en que los dos nos hemos hecho, pero no queda más remedio y como revolucionarios comunistas tenemos que aceptar que podemos trabajar para el mismo desde lejos. Me preguntas sobre lecturas. ¿Qué voy a recomendarte? Tú sabes que el movimiento entre las mujeres ha estado bastante desatendido. Lo primero serio que conozco en cuanto al trabajo entre las mujeres es la revista que tú recibiste de Buenos Aires. Y aquí ese movimiento, en su aspecto puramente económico sindical, ahora es cuando comienza a levantarse. En general creo que los dos tenemos que estudiar, pero no aquí y ahora, sino allá mismo. Y aplicar nuestros conocimientos de ahora a profundizarlos y a ser útiles para el movimiento obrero revolucionario, especialmente el cubano, que es el que conocemos mejor por haber intervenido en el directamente. No debes temer nada. Al fin nuestro sueño de románticos -viajar, irnos de Cuba- va a realizarse, al parecer. ¡Pero en qué forma más distinta a como imaginábamos! (Debo confesarte que tengo como el presentimiento, infundado, sin razonamiento, de que no me iré de Cuba, pero esto no pasa de ser una bobería, debida   seguramente a mi deseo de quedarme.)
[…]
Mil besos de Tu

R.

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