El historiador José Martín Félix de Arrate

Por: Conde San Juan de Jaruco
En: Diario de la Marina (1 mayo 1949)

Don José Martín Félix de Arrate y Acosta, nacido en La Habana a fines del siglo XVII, fue abogado, regidor del Ayuntamiento por juro de heredad y alcalde ordinario de esta ciudad los años 1752 y 53, siendo además uno de nuestros primeros historiadores.

Era hijo del teniente don Santiago de Arrate y Vera de Vargas, natural de Sevilla, factor y tesorero de la Real Hacienda de la Isla de Cuba, en 1683, y de doña Juana María Mateo de Acosta y Martínez de la Cruz, la que obtuvo por Real cédula de 14 de marzo de 1733, un oficio de regidor perpetuo del Ayuntamiento de La Habana, con facultad de cederlo a cualquiera de sus hijos, eligiendo para ello al referido don José Martín Félix.

Durante el gobierno del mariscal de campo don Juan Francisco Güemes y Horcasitas, gobernador y capitán general de la Isla de Cuba, (1734 al 46), más tarde primer conde de Revillagigedo, el laborioso Arrate comenzó a escribir su admirable historia de La Habana titulada “Llave del Nuevo Mundo y Antemural de las Indias Occidentales”, cuya denominación tomó de una Real orden dictada el 24 de mayo de 1634. Su obra fue de las primeras de su clase en nuestro país pues la de Urrutia se escribió en 1787, y la de Valdés el 1805. Permaneció inédita hasta 1830, en que la Real Sociedad Económica de Amigos del País de La Habana ordenó su impresión, encargando para ello al insigne patricio habanero don Francisco de Arango y Parreño, primer marqués de la Gratitud. Agotada su primera edición, la reprodujeron los señores Cowley y Pego, bajo el título de “Los tres primeros historiadores de Cuba”.

En 1762, durante el asedio inglés a la Plaza de La Habana, a pesar de contar el distinguido historiador Arrate sesenta y cinco años de edad, fue uno de los primeros que ofrecieron su persona y bienes en servicio y defensa de la patria, trabajando sin descanso durante los sesenta días que duró el sitio. Falleció en 1766 cuando se preparaba a escribir una nueva obra y también parece que fue autor de una comedia y poesías que no llegaron a editarse. La única muestra de sus versos que se conocen es el soneto a La Habana con que cierra su referida obra. Dice Poey: “Arrate se muestra historiador en la pompa y la nobleza de la expresión, la cual siempre castiza y bien sonante, revela sus provechosos estudios literarios.

Arrate pertenecía a una familia que se había distinguido notablemente en servicio de la Corona; sus hermanos Pedro Rafael y Santiago fueron: el primero, capitán de infantería, gobernador de las armas del Presidio de Santa Marta y comandante de las compañías de Cuba; y el segundo, fue alcalde ordinario de La Habana en 1700 y más tarde alcanzó gran fama en la carrera militar. En calidad de alférez de caballería combatió numerosas veces, hasta que en 1708 murió en Badajoz. Don Manuel de Arrate y Acosta, hermano también de los anteriores, sirvió de cadete y de alférez del regimiento de caballería de Montesa, y reformado, pasó a servir a la compañía española de Guardias de Corps, hasta que Su Majestad le confirió una tenencia en el regimiento de Ordenes Viejo, y en cuyo tiempo y con los referidos empleos se halló en el sitio de Campo Mayor y sublevación de Cataluña, en varios destacamentos en la campaña de Navarra, cuarteles de Mataró y Vique, expedición de Africa y desalojamiento de los moros del campo de Ceuta. El capitán Agustín José de Arrate y Acosta, fue regidor por juro de heredad del Ayuntamiento de La Habana y su hermana doña Isabel Josefa, casó en la Catedral de La Habana el 13 de octubre de 1743, con don Juan Francisco de Zequeira y Ramallo, contador mayor del Real Tribunal y Audiencia de Cuentas de la Isla de Cuba, ministro honorario de la Contaduría Mayor del Real y Supremo Consejo de Hacienda, alcalde ordinario de La Habana. Por línea materna eran los Arrate nietos del capitán de infantería don Gaspar Mateo de Acosta, gobernador del castillo de San Salvador de la Punta, de La Habana, maestre de campo de los gobiernos y capitanías generales de Cumaná y de Maracaibo, que dejó por hijo a otro don Gaspar Mateo de Acosta y Martínez de la Cruz, que fue capitán de caballos, depositario general, regidor del Ayuntamiento y alcalde ordinario de La Habana, caballero de la Orden de Santiago.

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