Las manufacturas de La Habana según Samuel Hazard

Por: Samuel Hazard
En: Cuba a pluma y lápiz

La mayor parte de los zapateros creo que son franceses. Abundan las buenas zapaterías y se hace un calzado de bella apariencia. Los destinados al uso diario son muy durables y propios para la Isla. Con todo, se importa gran número de zapatos de los Estados Unidos.

La Habana es particularmente notable por sus establecimientos de joyería y platería, siendo los más atractivos, con sus espléndidos escaparates de cristales, llenos de bijouterie, y anaqueles con hermosos objetos de plata, todo a la vista del transeúnte. Objetos de ferretería, armas, etc., generalmente se importan de Inglaterra y algo de los Estados Unidos, no fabricándose ninguno de dichos artículos en Cuba. En cambio, se fabrican todos los fósforos necesarios al consumo. Los pequeños oficios están bien representados. Abundan los talleres de confección de ropa masculina y femenina, de sombreros, perfumes, flores artificiales y muebles. Se me asegura que los talleres de modistas están por entero en manos de mujeres francesas.

El sistema de compras aquí es muy distinto del que se usa en casi todos los otros lugares. Existe la costumbre, principalmente entre los establecimientos dedicados a la venta de géneros de vestir, de mandar éstos a las casas de sus clientes. Esto es muy cómodo para las señoras que residen en los hoteles, particularmente si no hablan español. Muchos de los establecimientos-tienen dependientes que hablan inglés, que envían al hotel y que son muy corteses y complacientes.

Por otra parte, las señoras que van de compras en la Habana, muy raramente abandonan sus volantas para entrar en las tiendas, sino que esperan a que les traigan los artículos al coche. Generalmente dedican las primeras horas de la mañana o las del atardecer para esa clase de excursiones.

Las señoras extranjeras generalmente hallan placer en recorrer los establecimientos y examinar los artículos en venta; pero conviene que lo hagan escoltadas por caballeros o señoras de alguna edad, pues, siento decirlo, las maneras de los habaneros con respecto a las señoras solas, no son todo lo respetuosas que debieran ser, permitiéndose, en algunas ocasiones, actuar de manera grosera e insolente.

Este proceder les ha valido a veces una severa lección por parte de algunas de nuestras mujeres más decididas.

Conozco el caso de una señora americana de buena complexión y gran belleza. Estaba sentada en la volanta, en tanto su compañero había entrado a comprar en un establecimiento, cuando un caballero se paró y la saludó, al mismo tiempo que con gran familiaridad, avanzando, trataba de coger una de las flores que ella tenía en la mano.

Asustada, pero a la vez indignada, rápida como el pensamiento, dejó caer su mano sobre el rostro del joven, que, retrocediendo, se inclinó para recoger su sombrero caído, pronunciando algunos carambas y e.., que interrumpió la oportuna llegada del acompañante de la dama.

Es oportuno advertir a los extranjeros que van de compras, que los vendedores tienen la costumbre de pedir por los objetos más de lo que esperan obtener, y por lo tanto no es prudente pagar lo que piden.

—¿Cuánto vale este sombrero?—pregunté una vez.

—Seis pesos. Muy barato.

—¡Cáspita! —(dando un largo silbido).— Le doy tres.

—No puedo, señor; a mí me costó cerca de seis; sin embargo, se lo doy en cinco.

—No pago más de tres y medio— digo avanzando hacia la puerta.

—Déme cuatro, señor; es el último precio— dice con expresión de sinceridad.

Convencido, adquiero el sombrero.

La Habana es notable por la elegancia de los abanicos y la belleza de cierta clase de linón y organdie y particularmente el tejido llamado pina que por la brillantez de color y ligereza de textura, sólo puede compararse con las alas de las mariposas.

Al comprar cualquiera de estos géneros para el corte de un vestido, quizás parezcan baratos; pero no hay que olvidar que la vara cubana es casi tres pulgadas más corta que la yarda inglesa. Siempre visité con gusto las librerías de la Habana. En algunas de ellas se encuentra un completo surtido de libros, especialmente en libros extranjeros, revistas ilustradas, etc.

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