El Teatro de Tacón por El Conde San Juan de Jaruco

Por: Conde San Juan de Jaruco
En: Diario de la Marina (3 agosto 1947)

En 1834, al tomar posesión del gobierno de la Isla de Cuba el capitán general don Miguel Tacón y Rossique, más tarde duque de la Unión de Cuba y marqués de Bayamo, encontró que no había en La Habana más que un solo coliseo de alguna importancia, el teatro Principal, establecido en la Alameda de Paula, junto a los muelles, el cual por su situación y demás condiciones no correspondía a una población tan numerosa y civilizada como era ya la Habana; y los pequeños teatros de Villanueva y el Diorama, construidos de madera, no podían tomarse en consideración.

Por esta razón, el enérgico y laborioso capitán general Tacón, promovió la obra de un teatro más céntrico y adecuado en la Habana, induciendo para llevarlo a cabo al activo vecino de esta ciudad don Francisco Marty y Torrens, natural de Barcelona, el cual con gran éxito había ya emprendido la contrata y obra del edificio y viveros de la pescadería.

El inteligente catalán Marty, con peones y brazos del presidio, y con materiales que le suministraba el gobierno, comenzó la obra en el sitio donde hoy se encuentra el teatro Nacional, en seis mil ciento setenta y seis varas cuadradas que compró a censo a la real hacienda los años 1836 y 1839, inaugurando el teatro con seis grandes bailes de máscaras el domingo 28 de febrero de 1838, estrenándose pocos días después el drama en cinco actos “Don Juan de Austria“.

El edificio fue construido bajo la dirección de don Antonio Mayo, maestro de albañilería, y de don Miguel Nins y Pons, maestro de carpintería, y su costo total ascendió a doscientos mil pesos fuertes. El interior de este hermoso edificio estaba sujeto al plan de los mejores coliseos de Europa, y con una estructura, capacidad y elegancia muy semejantes a los del Teatro Real de Madrid, y del Liceo de Barcelona; pero no correspondía más que por la solidez la arquitectura exterior del edificio a la grandiosidad del salón y del proscenio. Ni un frontispicio, ni una pieza de escultura, ni el más pobre de relieve embellecían la primitiva y monótona fachada de este magnífico teatro, cubierto entonces por una simple techura. La entrada principal era un pórtico de elegante sencillez, con tres arcos al frente, y uno de los costados con columnas de mármol intermedios, y tres de relieve sobre otra de piedra en ambos ángulos. A la entrada del teatro existía un café, y en el interior había un hermoso patio que daba ventilación a la sala. En 1857, don Francisco Marty vendió este coliseo al “Liceo de La Habana“, de literatura y artes, sociedad fundada por el también catalán don Ramón Pintó y López, (muerto después en el patíbulo por sus ideas separatistas), en la cantidad de setecientos cincuenta mil pesos fuertes, la cual lo embelleció notablemente con multitud de reformas, entre ellas, en sus condiciones acústicas y en el mejoramiento de sus luces. Actualmente el Teatro de Tacón ostenta el nombre de Teatro Nacional, es propiedad del Centro Gallego, el cual cuando lo adquirió realizó grandes mejoras en todo el edificio, embelleciendo notablemente su antigua y fea fachada.

Don Francisco Marty y Torrens, falleció en La Habana el 29 de mayo de 1866, habiendo dejado una gran fortuna, hecha en nuestro país debido a sus grandes condiciones personales. En 1829, fue nombrado subdelegado de marina de la Chorrera, desde la Punta hasta la playa de Santa Ana, pero no obstante se le veía constantemente en todos sus boquetes y playas en servicio del Apostadero. En 1830, se le concedió licencia para que pudiera pasar libremente a “Cayo Hueso“, a diligencias propias, en uno de sus balandros viveros que tenía dedicado a los trenes de pesca (su principal negocio). Esto, como después se supo, sólo fue un ardid, pues el verdadero motivo de sus repentinas salidas no era otro que apresar la balandra “Rosario” alias “La Tonta” que mandaba el pirata Antonio Mariño, desertor de la Cabaña como también lo había sido de la cárcel de Santiago de Cuba, hombre feroz y terrible, cuyas constantes depravaciones, asesinatos y crueldades en las costas de esta Isla causaban terror y espanto; presa que al fin llevó a cabo don Pancho Marty en el cayo “Cruz del Padre“, el 2 de enero de 1831, muriendo Mariño a balazos y trayendo a este puerto al resto de los piratas. Este hecho le valió a Marty el nombramiento de Alférez de Fragata, con que le premió don Fernando VII y también ostentaba otras condecoraciones por los servicios que prestó en el fomento de Cuba, la Pescadería, el Teatro de Tacón y varios muelles y edificios que construyó en la ribera del puerto de La Habana, fueron sus principales obras.

Durante el breve mando de la Isla de Cuba del ilustrado y valeroso teniente general, don Pedro Téllez-Girón y Pimentel, príncipe de Anglona marqués de Jabalquinto, grande de España, segúndon de los duques de Osuna, se sabe que por motivo de una fiesta que se iba a dar en palacio, la generala doña Rosario esposa del aludido capitán general e hija de los esclarecidos marqueses de la Motilla, pidió a don Pancho Marty, como regalo, un gran pargo para el almuerzo. Efectivamente, a la mañana siguiente apareció en palacio un robusto negro portador de una grande y hermosa bandeja de plata cubierta con lujosa servilleta. Era el pargo prometido por Marty acompañado de una tarjeta que decía “A los Príncipes de Anglona“. Cuando abrieron la barriga del pez, encontraron que estaba relleno de onzas de oro.

Don Pancho Marty, gran protector de las artes, contrataba para su gran teatro los mejores artistas del mundo. El puso en escena la obra “Macbeth“, que le costó ochenta mil pesos, poseía más de doscientos telones, un vestuario de ciento cincuenta mil pesos y escenógrafos muy bien pagados. De él se citan muchas frases, entre ellas: “si te portas bien, de casarás con la hija de Pancho Marty, pero si te portas mal, será con la negra Tomasa“.

Durante el mando del teniente general don Leopoldo O’Donell y Jorris, duque de Tetuán, conde de Lucena, capitán general y gobernador de la isla de Cuba, aconteció la batalla del Ponche de Leche en la noche del 20 de febrero de 1844, martes de carnaval, durante un baile de máscaras que se celebraba en el Teatro de Tacón, y en lo que hoy es conocido por la Acera del Louvre, se colocaban vendedores de merengues, ponche de leche y otras golosinas. La música se oía desde afuera y algunos, después de saborear su ponche, aprovechaban el encontrarse allí una bailadora para echar un “cedazo“. Se enfadó Pancho Marty, y con ese motivo se quejó al Corregidor, y éste en persona fue a suspender el baile de Escauriza (hotel Inglaterra). Un atrevido le tiró un merengue que le mancho el traje, y al enterarse el general O’Donell de lo que pasaba, salió de palacio a caballo con su escolta y al galope: llegó al lugar, mandó que los lanceros cargaran contra los que se encontraban frente al baile, produciéndose un gran alboroto, heridos, desmayos y detenciones. Dice Pi y Margall, en la Historia de España en el siglo XIX: “Debió, en verdad O’Donell reservar su fiereza para empresas más honrosas“.

 

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