El primitivo asiento de La Habana por Jenaro Artiles

Por: Jenaro Artiles
En: La Habana de Velázquez

Está fuera de duda ya que La Habana fué fundada y estuvo en la costa sur de la provincia, en las proximidades de la actual bahía de Batabanó (18). De aquí se trasladó más tarde a la costa norte, a las cercanías del puerto llamado entonces de Carenas, el actual de La Habana, aunque es seguro que también en la costa norte tuvo otro asiento, el llamado “pueblo viejo”, anterior a su emplazamiento definitivo actual, como veremos.

Sobre el lugar exacto del asiento del primer “pueblo viejo” en la costa sur, puesto que así también, al igual que el antiguo de la costa norte, se le llamó, se han multiplicado las suposiciones y se han prodigado las dudas y las polémicas, en ocasiones encendidas y hasta envenenadas por preocupaciones y recelos de prestigio, y localistas.

No se puede, aun hoy, dado el estado actual de la cuestión, establecer de manera indiscutible el sitio en que fué fundada La Habana primeramente. Sería necesaria, puesto que carecemos de documentos que hablen sobre ello, una cuidadosa exploración, mediante excavaciones arqueológicas que nos suministraran restos de enterramientos por lo menos, hogares, herramientas y utensilios domésticos, algún vestigio de la existencia de una población que, si no muy numerosa, permaneció allí el tiempo suficiente (cinco años por lo menos) para dejar trazas duraderas de su paso (19).

Pero, si no se puede afirmar de manera incontrovertible en qué lugar estuvo La Habana primitiva, tampoco se pueden cerrar los ojos a la expresa afirmación de López de Gomara quien concretamente nos dice “que estaba poblada entonces [1518-1519] en la parte sur, en la boca del río Onicaxinal” (20). Este antiguo río Onicajinal ha sido identificado como el Mayabeque de hoy, de Catalina en su nacimiento, de Güines al pasar por esta villa, y de la Bija (21).

Veamos ahora la fe que merece el testimonio del capellán y cronista de Hernán Cortés y a quien se le ha negado en asuntos tocantes al prestigio del primer marqués del Valle, pero no en detalles secundarios como el que nos ocupa. No inventó de seguro Gomara el río a que se refiere, puesto que allí estaba y ahí está; ni pudo haber confusión en la localización de La Habana toda vez que, aunque no estuvo presente a aquellos sucesos, vivían todavía cuando escribió la Crónica muchos de los actores de la expedición, vecinos de La Habana que tomaron parte más tarde en la de Cortés, se hallaban en España, lo informaron y pudieran haberlo rectificado (22). Y estos testigos de primera mano no se pudieron confundir hasta el extremo de ignorar unos años más tarde que su pueblo estaba fundado a orillas de un río, en la desembocadura, y que el nombre del mismo fuera el que se cita en la Crónica. López de Gomara entró al servicio de Hernán Cortés como su capellán el año 1540, a los treinta años de edad y unos veinte después de la empresa de México, y publicó la Crónica de la Nueva España en Zaragoza el año 1552. Está aceptado corrientemente que empezó a escribirla desde el mismo año 1540, en servicio y lisonja de Cortés y con los datos que éste, algunos cronistas antiguos y los supervivientes que habían estado en México, le suministraban.

Pero nos acaba de convencer de la veracidad de la afirmación de Gomara el hecho de que, no ya ninguno otro de sus contemporáneos, sino el propio Bernal Díaz del Castillo, que en calidad de testigo presencial de los acontecimientos que nos ocupan escribió su Verdadera Historia de la conquista de Nueva España en 1568, con intención y carácter polémicos contra Gomara, no hubiera desperdiciado a buen seguro esta ocasión de refutar a su rival, como no desperdició ninguna otra e improvisó varias, negando el aserto sobre el emplazamiento de la Habana, si no hubiera sido verdad. (23). Porque La Habana no es un lugar cualquiera en la ruta de Cortés, sino el último puerto en los dominios de Velázquez, y antes de la gran aventura; en el que se exteriorizó franca la rebeldía contra el Adelantado y donde el escribano Francisco de Madrid declara que pasó el registro de gente y navios (24); aquí tomó provisiones, completó sus equipos e hizo el alarde en el cabo de San Antón (25).

Parece también prueba de peso a favor de la población en el sur, la alusión al “pueblo viejo” que nos ha conservado un acta del cabildo de 18 de marzo de 1569, recogida anteriormente: Diego Hernández, indio de Guanabacoa, pide merced de sitio para puercos “ques en el pueblo viejo, dos leguas de Yamaraguas e doce leguas desta villa“. Por el análisis que se ha hecho del texto cotejando las distancias (12 leguas de La Habana actual; dos de Yamaraguas) parece que no cabe duda que estamos ante una referencia a la primitiva Habana de la orilla del Mayabeque (26).

Podemos, por tanto, aceptar, mientras nuevas investigaciones no nos convenzan de otra cosa, que la primitiva Habana estuvo situada en la costa sur de la provincia, cerca de la desembocadura del actual río Mayabeque, precisamente en la orilla izquierda, de la parte del naciente, según aparece emplazada en los mapas antiguos de la Isla, los cuales, aunque compuestos en tiempos en que la villa había sido trasladada ya a la costa norte, recogieron indudablemente noticias geográficas de tiempos muy anteriores (27).

 

Notas:

(18) Los testimonios antiguos son numerosísimos. Veamos algunos de ellos:

El P. LAS CASAS, narrando las peripecias de aquel viaje a la Habana dice: “Andando por aquella provincia de la Habana de pueblo en pueblo los españoles, y pasando de la costa sur a la del norte, como frecuentes veces llegaban por ser la isla por aquella parte muy angosta, que de 15 leguas no pasa, hallaron un día en la costa sur a donde agora está la ciudad de la Habana o por allí, un gran pan de cera,. . .” (Historia de las Indias, lib. III, cap. XXXI) .

Antonio de HERRERA, en la Década I, lib. X, cap. VIII copia servilmente, como le ocurre con extraordinaria frecuencia, al padre Las Casas en este pasaje. Y en la Década II, lib. III, cap. XIII relata el viaje de Cortés desde Santiago de Cuba en 1519 y dice: “Pasó; a la villa de San Christóbal, que a la sazón estaba en la costa de el sur, que después se pasó a la Habana…”

Bernal DÍAZ DEL CASTILLO dice hablando del viaje de Fernández de Córdoba a Yucatán (1517): “nos fuimos a un puerto que se dice en la lengua de Cuba, Ajaruco y es en la banda del norte, y estaba ocho leguas de una villa que entonces tenían poblada, que se decía San Cristóbal, que desde a dos años [dos años después, en 1519] la pasaron a donde agora está poblada la dicha Habana” (Verdadera historia de la conquista de la Nueva España, tomo I, cap. I ).

Y más adelante, al hablar del fin de este viaje desgraciado dice: “…hasta que nuestro señor Jesucristo nos llevó a Puerto de Carenas, donde ahora está poblada la villa de la Habana, que en otro tiempo Puerto de Carenas se solía llamar y no Habana” (Ibid., tomo I, cap. VI) . Y en el cap. siguiente del mismo tomo narra el viaje hasta Trinidad desde La Habana, por la costa sur, en una canoa, del vecino de esta última villa Pedro de Avila. El mismo historiador, tratando del viaje de Grijalva (1518) dice: “fueron los cuatro navios por la parte y banda del norte a un puerto que se llama Matanzas, que era cerca de la Habana vieja, que en aquella sazón no estaba poblada donde ahora está. Y en aquel puerto o cerca del tenían todos los más vecinos de la Habana sus estancias”. Finalmente, el propio Bernal Díaz, al ocuparse del viaje de Cortés desde Santiago a La Habana (final de 1518 y primeros meses de 1519), hablando del retraso del Conquistador en llegar a La Habana dice que pasaron cinco días sin que hubiera nuevas de su navio,” y teníamos sospecha no se hubiera perdido en los Jardines, que es cerca de la Isla de Pinos, donde hay muchos bajos, que son diez o doce leguas de la Habana (Ibid., tomo I, cap. XXIII). Efectivamente, esa es poco más o menos la distancia de los Jardines de la Reina a la línea de costa sur de La Habana, nunca la ciudad actual en la costa norte. Aparte de lo insólito que resultaría este sistema de establecer distancias marítimas desde un punto muy tierra adentro.

Francisco LÓPEZ DE GOMARA precisa más aún el asiento de La Habana determinando la desembocadura de un río llamado Onicajínal: Cuenta la salida de Cortés del puerto de Santiago, el viaje a Macaca y a Trinidad, el envío de Jerez Gallinato a Jamaica y de Ordás a capturar la nave de Sedeño, “y enviando los navios delante, se fué con la gente por la tierra a la Habana, que estaba poblada entonces en la parte sur, en la boca del río Onicaxinal” (Crónica de la Nueva España, tomo II, cap. VIII) . Más adelante volveremos sobre esta interesante afirmación correcta de Gomara.

Antonio de SOLÍS, describiendo el viaje de Cortés por la costa sur desde Santiago a Trinidad y de aquí al puerto de la Habana, dice de él que es el “último paraje de aquella isla por donde empieza lo más occidental de ella a dejarse ver del septentrión”, referencia evidente a la existencia de la Habana en la costa sur. (Historia de la conquista de Méjico, París, Librería Española de Garnier Hermanos, p. 35).

En la sesión del cabildo de La Habana celebrada para elección de cargos el 1 de enero de 1553 discuten los capitulares los motivos de rebeldía que tienen contra la orden arbitraria del gobernador Pérez de Ángulo queriendo impedir la elección de alcaldes, y se refieren incidentalmente a la antigüedad de la costumbre de elegirlos “. . .desde que esta villa está poblada a donde agora tiene su asiento y en otras partes donde primero ha sido poblada, que á quarenta años poco más o menos” (Actas capitulares (originales), tomo I, fol. 66 r. Actas capitulares —ed. impresa—tomo I. vol. II, pág. 67).

En otra acta del cabildo, ésta de 18 de marzo de 1569, leemos: “En este cabildo pidió Diego Hernández, indio, vecino de Guanabacoa, le hagan merced de un sitio ques en el pueblo viejo, dos leguas de Yamaraguas e doce leguas desta villa, para poblar de puercos, atento a que lo tiene comenzado a labrar e poblar” (Actas capitulares, tomo I, vol. II, pág. 115). Doce leguas poco más o menos de La Habana está precisamente el lugar de Yamaraguas actual, cerca de la ribera del río Mayabeque y probable Onicajinal de los antiguos. Véase la cita de las Actas capitulares de 1553 recogida en la nota 13. Las alusiones al Pueblo viejo en la costa norte, orillas de la Chorrera, son frecuentes en las actas, y sobre este extremo volveremos más adelante.

(19) Alfredo ZAYAS, en La traslación de la Habana (La Habana literaria, año III—15 de marzo de 1893—p. 100-103) discute inteligentemente la cuestión del “pueblo viejo” y cree que, dada la construcción de los bohíos en la época, no pudieron quedar vestigios de ellos. Pero no todo son bohíos, madera y yagua en los poblados de entonces.

(20) Crónica, tomo II, cap. VIII) citado anteriormente en la nota 17.

(21) Sobre este interesante y debatido punto, véase José Ma. de la TORRE: Diccionario topográfico antiguo de la isla de Cuba y tierras circunvecinas, en Memorias de la Sociedad Económica, t. XIII (1841), p. 35-67, palabra “Habana”, en que cita a HUMBOLDT, y “Onicajinal”, donde cita a ASAGRA, Geografía; p. 20 y 27, todos los cuales aceptan esta opinión.

(22) Fueron muchos los vecinos de La Habana que, después de haberse enrolado en la expedición de Cortés, siguieron al servicio del marqués del Valle y se establecieron y tuvieron casa y haciendas en Nueva España. Algunos ocuparon posiciones destacadísimas, como Francisco Montejo.

(23) Y Bernal sí había estado en La Habana de la costa sur formando parte de las tres expediciones a México.

(24) Así lo declara el mismo Francisco de Madrid en la Información recibida ante el gobernador y Adelantado Diego Velázquez sobre una expedición sospechosa emprendida desde la Habana por Alonso Fernández Portocarrero y Francisco Montejo, con pretexto de que iban a nuevos descubrimientos (7 de octubre de 1519), en Colección de Documentos inéditos de Ultramar, tomo XII, p. 164.

(25) Según Gomara. Díaz del Castillo niega tal alarde, afirmando que no se hizo hasta Cozumel: en S. Antonio se juntaron los navios solamente. (Verdadera historia, t. I, cap. XXV y XXVI).

Acerca de la veracidad de Gomara se han escrito por sus detractores apasionados juicios tan duros como el siguiente de Antonio de Solís, hablando de la historia de Méjico: “Escribióla primero Francisco López Gomara con poco examen y puntualidad, porque dice lo que oyó y lo afirma con sobrada credulidad, fiándose tanto de sus oídos como pudiera de sus ojos. Sin hallar dificultad en lo inverosímil ni resistencia en lo imposible”. (Antonio de SOLÍS: Historia de la conquista de Méjico, París, Lib. Española de Garnier Hermanos, p. 9).

(26) Recientemente, en 1937 a 1938, hubo una interesante polémica entre historiadores locales de la provincia de la Habana sobre el lugar de emplazamiento de la villa en sus comienzos, polémica que conviene conocer:

Gregorio DELGADO FERNÁNDEZ: Las playas del Mayabeque: Primitivo emplazamiento de la villa de San Cristóbal de la Habana, (Ensayo histórico-biográfico). Güines, impr. Valdés, 1937, 42 páginas (editado primeramente en la revista Cúspide, 1937).

Gregorio DELGADO FERNÁNDEZ: La cartografía cubana del siglo XVI: El capitán don Bartolomé Cepero y la fundación de la Habana junto al río Onicajinal o Mayabeque, en la revista Cúspide, octubre de 193 7, págs. XIV-XVI.

José ALONSO NOVO: Habana—Güines: ¿En qué lugar de la costa sur fundó Velázquez la villa de San Cristóbal de la Habana?, en la revista Cúspide, septiembre de 1937, p. XX-XXI; noviembre de 1938, p. 71-74; y diciembre del mismo año, p. 38-40.

Gerardo CASTELLANOS G.: La incógnita del Mayabeque. Güines, imp. Valdés, 1938, 34 p., publicado primeramente en la revista Cúspide, 15 de agosto de 1938. Véase también sobre este mismo extremo:

Néstor CARBONELL y Emeterio S. SANTOVENIA: El Ayuntamiento de la Habana: noviembre 16 de 1519—noviembre 16 de 1919. Reseña histórica. Habana, imp. Seoane y Fernández, 1919, 198 p. 1 h. gr.

Manuel PÉREZ BEATO: Habana antigua: Apuntes históricos. Tomo I: Toponimia. Habana, imp. Seoane, Fernández y Cía. 1936, XV-469 p.

José María de la TORRE: Lo que fuimos y lo que somos, o La Habana antigua y moderna. Habana, imp. Spencer y Cía. 1857, 184 p.

Irene A. WRIGHT: Historia documentada de San Cristóbal de la Habana en el siglo XVI, basada en, Documentos originales existentes en el Archivo general de Indias de Sevilla. Habana, imp. Siglo XX, 1927, 2 v.

Emilio ROIG DE LEUCHSENRING: La Habana desde sus primeros días hasta 1565, estudio preliminar de Actas capitulares del Ayuntamiento de la Habana. Habana, 1937, tomo I (1550-1565), v. I, p. 38-359.

Ricardo V. ROUSSET: Anales de la fundación de la Habana en su cuarto centenario. Habana, imp. La Prueba [1919], 108 p. Consúltense, además los historiadores clásicos de La Habana, Arrate, Valdés y Urrutia especialmente el primero, en Los tres primeros historiadores de la isla de Cuba.

(27) Particularmente el de Fernando Bertelli (1564-1585) y el de Paolo Forlano (1564). El retraso en las noticias geográficas que constan en los mapas antiguos de Cuba, compuestos en Europa, es constante: el plano de La Habana que acompaña al mapa de Mercátor, de 1607, no es posterior, sí se juzga por la traza, a principios de la segunda mitad del siglo XVI.

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