Sobre el centenario de El Morro de La Habana por Joaquín Llaverías

Por: Joaquín Llaverías
En: Centenario del fanal del Morro de La Habana 1845-Julio 24-1945

Para justificar nuestro aserto es necesario referirnos con brevedad al pasado de este Castillo del Morro alzado en el siglo XVI y tomando como fuente de información a dos historiógrafos notables: Pedro J. Guiteras y Jacobo de la Pezuela.

Al N. O. de la bahía de la Habana —dice el primer autor citado— en sus primeros tiempos, y sirviendo de remate a su ribera derecha, alzábase como a 60 pies del nivel del mar una peña en cuya cima formaron los habitantes un casucho desde el cual vigilaban los movimientos de los buques que se descubrían. Llamaban a aquel puesto la Vigía. Después de la segunda excursión del célebre Drake por las indias, mandó Felipe II en 1589 al maestre de campo Juan de Texeda y al ingeniero Antonelli, que proveyesen a la defensa de La Habana y otras plazas de América. Texeda, así que tomó el mando de la Isla, consideró ese punto adecuado para la construcción de un castillo, y la emprendió sin tardanza, formando un polígono adaptado a la superficie de la peña, con tres baluartes unidos por cortinas y un cuartel acasamatado. Pero cuando Texeda cumplió sus cinco años de gobeirno, aunque Antonelli permaneció algunos años más dirigiendo la obra, no pudo concluirse enteramente hasta 1630, siendo gobernador D. Lorenzo de Cabrera que la dio la última mano“.

Durante el gobierno de D. Alvaro de Luna y Sarmiento se logró “en menos de un año abastecer las fortalezas y terminar completamente todas las obras del Morro, que quedó ya a fines de enero de 1640 con su puente levadizo, su camino cubierto, su rastrillo y sus puertas herradas de madera“.

Ya en bastante buenas condiciones de defensa la entrada del puerto y protegida La Habana con la terminación también del Castillo de la Punta, se logró alguna confianza por espacio de mucho más de un siglo, no sin que durante las guerras de la casa de Austria con los holandeses y franceses y la de Borbón con los ingleses en 1700, poderosas escuadras tuviesen que alejarse de esta fortaleza del Morro con poca gloria de sus enseñas.

Tenemos, como antes aseguramos, que a consecuencia de la toma de La Habana, España comenzó a preocuparse por la perspectiva de nuevos ataques a sus posesiones de América y procedió a la fortificación de este Castillo, que tomó la forma y la importancia que hoy tiene.

A poco se conoció la necesidad de dotarlo de alguna guía para los navegantes, procediéndose a la colocación en 1764 de un mal faro en la parte más alta del torreón llamado del Morrillo.

Pero la Junta de Gobierno del Real Consulado, de La Habana acordó en 22 de julio de 1795 encargar a D. Antonio de Arregui el examen del estudio hecho por el oficial José de Mendoza y Ríos sobre el nuevo faro que acababa de planificarse en Cádiz y cuya dirección le estuvo encomendada en Londres.

Arango y Parreño sabedor que la navegación al puerto de La Habana y la general del Canal de Bahama por su importancia resultaba de imprescindible atención en lo tocante a su seguridad e impedir probables riesgos, no ignorando tampoco la deficiencia del fanal existente en la punta del Morro, que se alumbraba con leña, luz que además de ser incierta, no podía verse a distancia de que su indicación fuese oportuna para la dirección de las embarcaciones, apoyó decididamente el proyecto del nuevo faro.

En nuestro Archivo Nacional radica el expediente incoado al efecto, donde aparece que el célebre ingeniero Monsieur Fresnell fué nombrado por el Ministro del Interior del gobierno francés a instancia del Embajador español para examinar las piezas que estaba construyendo para dicho aparato el autor Mr. Enrique Lepaute, ascendente su costo a cincuenta y nueve mil cuatrocientos noventa francos y diez céntimos, con arreglo al convenio de compra, habiendo sido exhibido el aparato en la exposición pública de París celebrada en 1844.

Ya en 12 de diciembre del mismo año la comisión inspectora del fanal del Castillo de los Santos Reyes del Morro, así textualmente consta en documento oficial, anuncia a la Junta de Fomento que la fragata francesa “Staoneli” que procedente del Havre había entrado en este puerto, conducía el aparato luminoso embalado en 76 cajas a fin de colocarlo en la nueva torre, bajo la dirección del contramaestre mecánico Mr. Antonio Federico Menoud.

La Junta de Fomento fué informada por los encargados en París de la compra del expresado aparato que la isla de Cuba tendría la gloria de poseer el mejor fanal de los conocidos hasta entonces, según opinión del ingeniero Mr. Fresnell, después de cuidadoso examen que con la mayor proligidad hubo de hacer por orden de su gobierno.

Mas antes de continuar hablando del Faro, debemos recordar que la nueva torre construida en este Castillo de El Morro hubo de ser bendecida el día 8 de diciembre de 1844, acto que se dispuso por la Junta de Fomento en celebridad de la Reina Isabel II, depositándose en la clave de la entrada del edificio en una caja de bronce las actas en que se acordó su construcción y la compra del faro y se colocaron dos inscripciones: una en mármol y letras de bronce doradas al lado de la entrada que decía:

Año de 1844

Reinando Isabel II

La Junta de Fomento presidida por

el capitán general de la Isla

Don Leopoldo O’Donnell.

Dirigió esta obra el Cuerpo de

Ingenieros del Ejército.

Y la otra inscripción en la propia torre a una elevación conveniente para que pudiera leerse al entrar en el puerto, en letras de dos pies de alto, de metal inoxidable, que reza así:

O’Donnell

1844

Está probado, según publicó el Diario de la Habana en su edición del día 8 de diciembre de 1844, que la primera autoridad de la Isla manifestó decidida oposición a que su apellido se pusiera en el lugar designado; pero la Junta de Fomento apoyó el pensamiento de los señores que formaban la comisión a quien se encargó del proyecto de la farola.

En este lugar, junto a la torre, se preparó un altar, una mesa con recado de escribir y una tienda de campaña para la reunión de los concurrentes, designándose por la Comisión de la Farola del Morro al Gobernador Superior Civil y Capitán General de la Isla D. Leopoldo O’Donnell para padrino de la torre recién construida.

Del propio modo fueron nombrados los testigos del acto y de maestros de ceremonias para la ejecución del programa a los Condes de Fernandina y Santovenia, asistiendo las bandas de música de los cuerpos de la guarnición.

Se dispuso, también, que un regimiento de infantería formase en el Morro para saludar a la Reina al concluirse la bendición, procediéndose en ese momento a efectuar las salvas reales por la Plaza y la Marina, que a su vez ordenó el empavesado de todos los barcos surtos en la bahía aquella tarde.

La ceremonia se ejecutó en este orden:

Colocación de la lápida O’Donnell.

Colocación de la caja con las memorias monumentales.

Bendición solemne.

Saludo de la infantería.

Salvas reales de la Plaza y Marina.

Despedida.

A la ceremonia que se celebró a las cinco de la tarde asistieron previamente invitados, el Intendente de Hacienda Claudio Martines de Pinillos, Conde de Villanueva, el Comandante del Apostadero Francisco Javier de Ulloa, el Subinspector de Ingenieros Mariano Carrillo de Albornos, el Arzobispo Fray Ramón Cargus, el Conde de Fernandina José María Herrera y el de Santovenia José María Campos, autoridades, títulos de Castilla y otros vecinos notables.

Ahora nos resta hacer una suscinta descripción de este Faro del Morro, prescindiendo del análisis detallado de las piezas que forman las diferentes partes de que se compone su complicada máquina, con objeto de que se comprenda su mecanismo por las personas menos familiarizadas con los principios de mecánica y óptica en que se funda su construcción, conforme con las noticias publicadas en los periódicos de la época.

Compónese el Faro que hace hoy precisamente cien años que se iluminó por primera vez a las siete y media de la noche del día 24 de julio de 1845, de cuatro partes distintas que son:

1.- La lámpara mecánica.

2.- El sistema de lentes prismáticos y espejos reflectores convenientemente colocados alrededor de la luz de dicha lámpara.

3.- La máquina que sirve para dar movimiento uniforme de rotación a una parte de aquellos lentes.

y 4.- La linterna de cristales que, dando paso a la luz, sirve para cubrir el todo del aparato.

La altura de la luz sobre el nivel del mar es de 158 pies de Burgos y su tragante al horizonte próximamente de 13 millas. La parte giratoria del aparato tenía entonces 16 lentes y hacía su rotación en ocho minutos, lo que producía de medio en medio minuto grandes resplandores que duraban de 5 a 6 segundos, de manera que a la distancia de 40 a 45 millas, que es el mayor alcance de la luz de los resplandores, los eclipses totales duraban de 24 a 25 segundos.

Este Faro se construyó para colocarlo en una torre de sillería de 78 pies de alto y 15 de diámetro sobre el puerto de La Habana, confiándose la dirección del trabajo para su colocación y alumbramiento al Cuerpo de Ingenieros que lo desempeñó atendiendo a las recomendaciones del autor a fin de que resultase con toda la solidez y elegancia que merecía la magnífica obra.

La Junta de Fomento resolvió solemnizar el onomástico de la Reina Madre con un espectáculo digno por su hermosura y por la utilidad que había de producir al floreante comercio de la isla de Cuba y que continuase el servicio en los días sucesivos.

 

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