Un libro diferente

Palabras_de_Felix_JulioPalabras del Dr. Félix Julio Alfonso López, Coordinador Asistente del Colegio Universitario San Gerónimo de La Habana, en la presentación del libro Piedras y sombras. Plazas de la Habana Vieja de la arquitecta Arq. Maritza Verdaguer Pubillones y su hijo Serguei Svoboda Verdaguer, el 22 de diciembre de 2015 en el teatro de la Biblioteca Pública Rubén Martínez Villena.

Bajo el novelesco rótulo de Piedras y Sombras, las Ediciones Cubanas de ARTEX nos ofrecen un título que, a primera vista, podría parecer algo ya conocido. Pero en realidad estamos en presencia de un libro diferente. Su argumento se sumerge en el contorno de las Plazas de La Habana Vieja, esos espacios públicos primigenios que, arrancando de la Plaza de Armas, y continuando en la Plaza Nueva (hoy Vieja), de San Francisco y la de la Ciénaga (hoy de la Catedral) fueron conformando y consolidando el tejido urbano de la ciudad antigua, otorgándole además una especial condición policéntrica,  sin paralelo en las urbes españolas en América.

Al estudio urbano de las plazas habaneras, se han consagrado volúmenes esenciales, desde los estudios pioneros de Emilio Roig, pasando por las  minuciosas revisiones de Joaquin Weiss, hasta los eruditos ensayos contemporáneos de Carlos Venegas. Sin embargo, el libro que hoy presentamos, si bien toma elementos  informativos de aquellos que he mencionado, es un texto diferente. Se trata de un libro  especial por variadas razones; en primer lugar porque su  origen se debe a una pareja autoral infrecuente: una madre y su hijo. Arquitecta ella, dramaturgo él. Santiaguera ella, habanero él. Dibujante ella, narrador él.

Ambos nos proponen un recorrido de múltiples dimensiones espirituales por las plazas del Centro Histórico. Es un panorama ondulado que se  vislumbra y se disfruta en diversos planos de lectura: el histórico, el urbano, el artístico y el narrativo. Cada uno de ellos complementa al otro, y entre todos van bordando una fina urdimbre que, cual fría llovizna invernal, nos va penetrando por todos los sentidos, para devolvernos una imagen personalísima y fantástica de la ciudad.

Presentacion_Plazas_Habana_ViejaLos elegantes dibujos de Maritza Verdaguer Pubillones, son parte ya del imaginario visual urbano de La Habana. Y lo son precisamente por eso, porque no pretenden ser realistas en un sentido estricto, sino que al contemplarlas, estas  hermosas plumillas nos evocan los siglos precedentes y despiertan en nosotros esa nostalgia que solo se siente por aquello que alguna vez se  tuvo y hoy se ha perdido. Lo que más me atrae de estos apuntes, es justamente su enigma, la mirada  subjetiva, lateral u oblicua que nos ofrece de lugares mil veces visitados, pero que aquí aparecen desde un ángulo imprevisto o una zona secreta, con fulgores de aquellos  inquietantes grabados  renacentistas que  nos dejó el italiano Piranesi.

Tal es el caso del interior de la torre campanario de la Catedral, la pequeña escalinata de acceso al templo desde la calle San Ignacio, el escondido callejón de Teneza, la eficaz escalera interior del Palacio de los Capitanes Generales, la espléndida sucesión de arcos barrocos del Palacio del Segundo Cabo, la altiva verja del Templete, la misteriosa torre de la Giraldilla o los renovados portales y sorprendentes vitrales de la Plaza Vieja. En este último espacio, un restituido Hotel Palacio Cueto nos recrea, y al mismo tiempo nos anticipa, la extraordinaria fachada art nouveau, que  recuperará una vez terminada su restauración.

Acompañando los dibujos de su madre, las narraciones breves de Serguei   son una sucesión de  historias minimalistas  que  pudieron ocurrir en estos misteriosos ámbitos,  una  exquisita y reveladora muestra de las obsesiones y angustias, temores y esperanzas, certidumbres y flaquezas de quienes los habitaron o caminaron sus calles. En muchos casos son piezas de tono intimista y de una extraña ternura, con finales inesperados y un lirismo conmovedor. Si hubiera que seleccionar un tema que las reúne a todas, ese asunto sería invariablemente la pasión.

Esa pasión que salva la honra de Aquilino Morazen y Bernardo Montero, que nos revela el secreto del secular guardián Clodomiro, que nos muestra el ardor lujurioso de Don Miguel Tacón y Rosique o que conduce a la locura de Aníbal al pie de la Giraldilla. Son relatos de una gran intensidad dramática, no exentos de humor, erotismo y fina sensibilidad. Quizás la narración final, donde el fantasma del escritor corre por caminos y plazas en pos de un perro callejero, y en el que todas las historias confluyen, sea el mejor ejemplo de esta comunión de plenitud humanista y destreza literaria.

Estamos pues, como decía al inicio, en presencia de un libro diferente, fascinante y lleno de amor. De amor por la ciudad, sus rincones, sus atmósferas, sus rituales citadinos, sus imaginarios urbanos y sus ocultas pasiones. De amor también por su belleza, su perseverante y cuidadosa recuperación,  y por todos esos atributos, tangibles o etéreos, que nos hacen apreciarla y servirla, que nos duela su deterioro y que nos conmueva su espléndido linaje de ciudad puerto, ciudad plaza, ciudad mujer, ciudad épica, ciudad mística, ciudad mágica.

Este es un libro para ser disfrutado como un objeto de rara belleza, para guardarlo entre los tesoros de la biblioteca, para no prestarlo a nadie o para obsequiarlo delicadamente a una persona inolvidable. Tómenlo y léanlo con avidez, déjense llevar por Maritza y Serguei en ese viaje invisible por las plazas habaneras, y piérdanse entre las apretadas callejuelas y esquinas de sus páginas y dibujos, como quien sueña un sueño.  De ese estupendo  recorrido volverán siendo mejores seres humanos, y queriendo más a esta esplendorosa ciudad. Se los aseguro.

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