La Biblioteca de Alejandría… lomos y marbetes

Por Marcos Rogers Rodríguez Cruz
Trabajador de la Biblioteca Pública Rubén Martínez Villena

Coleccion_ReferenciaHace un tiempo un consagrado bibliotecario me comentó, no sin pesadumbre, si había visto las nuevas bibliotecas totalmente digitales y sin permitirme responder agregó que parecían “quirófanos estériles”, que no se imaginaba las bibliotecas del futuro sin estantes llenos de libros mostrando sus lomos y marbetes.

Asentí con la cabeza por inercia y después de razonar un minuto, le repliqué a Adrián:

– Quizás los antiguos bibliotecarios de la biblioteca de Alejandría o el mismísimo Zenódoto de Éfeso podrían permitirse ese tipo de comentario si hubieran podido imaginar una biblioteca llenas de estantes sustituyendo los kilómetros de pergaminos que atesoraban.

Tratar de teorizar en el impacto de las nuevas tecnologías y de la revolución en los volúmenes de información por un profano en temas bibliotecológicos es poco menos que un sacrilegio o una insensatez, pero como asiduo usuario de estas tecnologías y de la información, sí me permito afirmar que el desarrollo de las mismas es dialéctico e indetenible, la diferencia la seguirá marcando el bibliotecario.

Educacion_usuariosEl futuro de la biblioteca pública, en mi modesta opinión, no subyace en la cantidad de volúmenes que atesore, sino en la capacidad del bibliotecario de poner en perspectiva volúmenes de información que crecen de manera exponencial. No hablo de la recuperación de la información o documentos porque el mismo desarrollo de las tecnologías desarrollarán herramientas que harán de la disponibilidad el menor de los problemas. Cualquier usuario con una conectividad aceptable a la web, incluso hoy, tiene la posibilidad de ello sin necesidad de salir de su habitación y la necesidad como motor evolutivo será quien permita -espero- que la biblioteca pública no desaparezca, la necesidad de tener la guía especializada, sabia y culta de alguien que sí sabe qué hacer  con tanta información.

Los retos son muchos, la brecha tecnológica, la accesibilidad a la web y otros asuntos relacionados, son salvados con recursos materiales e inversiones en infraestructura, la inteligencia humana no.

– Entonces, Adrián, aunque no comparta tu nostalgia por los lomos y los marbetes, sí creo en la supremacía humana sobre la tecnología y espero que ustedes salven la biblioteca pública para que siga siendo catedral de conocimiento y no museo.

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