José Martí y las construcciones

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En el aniversario 120 de la muerte en combate del Héroe Nacional, el pasado martes 19 de mayo en el teatro de la biblioteca el Dr. Orestes del Castillo ofreció a un público amplio y diverso la conferencia “José Martí y las construcciones”, que le permitió trasmitir conocimientos de su especialidad a través de la interpretación de dos artículos martianos:  “El puente de Brooklyn” y “Ferrocarril elevado de Nueva York”, publicados en La Nación de Buenos Aires, uno de los diarios de mayor alcance en Hispanoamérica en el siglo XIX.

A través de la lectura de fragmentos de la primera de las crónicas citadas, el reconocido arquitecto resaltó la maestría periodística y literaria de Martí al describir minuciosamente los detalles, dimensiones y características de las estructuras metálicas (libras, pies, cables, torres) del puente que enlaza Nueva York con Brooklyn:

¡Allá va la estructura! Arranca del lado de New York, de debajo de mole solemne que cae sobre su raíz con pesadumbre de 120.000,000 de libras; sálese del formidable engaste a 930 pies de distancia de la torre, al aire suelto; éntrase, suspensa de los cables que por encima de las torres de 276 1/3 pies de alto cuelgan; por en medio de estas torres pelásgicas que por donde cruza el puente miden 118 pies sobre el nivel de la pleamar: encúmbrase a la mitad de su carrera, a juntarse, a los 135 pies de elevación sobre el río, con los cables que desde el tope de la torre en solemne y gallarda curva bajan; desciende, a par que el cable se remonta al tope de la torre de Brooklyn, hasta el pie de los arcos de la torre, donde ésta, como la de New York, alcanza a 118 pies; y reentra, por sobre el aire con toda su formidable encajería deslizándose, en el engaste de Brooklyn, que con mole de piedra igual a la de New York, sajado el seno por nobles y hondos arcos, sujeta la otra raíz del cable. Y cuando sobre sus cuatro planchas de acero, sepultadas bajo cada una de las moles de arranque, mueren los cuatro cables de que el puente pende, han salvado, de una ribera del río Este a la otra, 3,578 pies.

Orestes-ConferenciaConocedor de su profesión, el destacado ingeniero dirigió la atención de los presentes a percibir cómo sin abandonar la poesía Martí alude a los materiales de construcción empleados (acero, hierro, madera, granito, cemento) y narra cada una de las etapas del proceso con las dificultades afrontadas durante trece años. Orestes enfatizó la importancia de este evento y aportó otros datos sobre el recién inaugurado puente, completado gracias a los esposos Washington Roebling y Emily Warren Roebling. Aprovechó para leer la valoración de Martí sobre la seguridad de esta obra.

Ni hay miedo de que la estructura venga abajo, porque aun cuando se quebraran a un tiempo los 278 que de cada cable la sostienen, bastaría a tenerla en alto, con su peso y el del tráfico, la ramazón de tirantes supletorios que, a modo de tremenda mano abierta, de delgada muñeca, baja, casi hasta la mitad del cable por cada lado, del tope de cada torre. No hay miedo de que se mueva la estructura, ni que la sacudan juegos de aire ni iras de tormenta; porque por su base la muerden las torres con dientes de acero, y para que el viento mayor no la conmueva, los dos cables de afuera se encorvan hacia adentro al ir tocando la mitad del puente, y los dos de adentro se doblan hacia los de afuera, con lo que se hace mayor la resistencia. No vendrán, no, los aires traviesos a volcar carros sobre el río, porque los bordes del puente se levantan a ocho pies de alto y entre las vías de carruajes y las del ferrocarril está tendida, para sujetar los empujes del viento, red de fuertes alambres. Ni hay riesgos de que los cables se quebranten,-que nunca vendrá sobre cada uno de ellos peso mayor de 3,000 toneladas, y está hecho para sustentar, con sus 294 brazos, doce mil. Ni se torcerá, astillará o saltará el puente, cuando el calor de estío lo dilate, como al rol de amor el espíritu, o el rigor del invierno lo acorte; porque esta quíntuple calzada está como partida en dos mitades, para prevenir el ensanche y el encogimiento, por medio de una plancha de extensión, en el punto medio de la vía, cuya plancha, fija en el extremo de una de las porciones, empalma sobre junturas movibles con el extremo de la porción segunda.

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Una breve explicación sobre el sistema de transporte en Nueva York e imágenes del ferrocarril elevado en esta ciudad sirvieron para introducir el análisis de Martí en el segundo trabajo citado, que comienza con una triste noticia y una crítica aguda sobre la falta de prevención acerca de los graves accidentes ocurridos en esa vía.

¡Otro muerto en el ferrocarril elevado! ¡Una pobre italiana cortada en dos por la máquina ciega! ¡La sangre de la infeliz chorreando de los rieles, los empleados del ferrocarril recogiendo de prisa en la calle la carne majada! Un día salta el tren del carril, a pesar del guardarriel, y el durmiente de seguridad, y no muere un millar de seres humanos, porque es alta la noche, y el tren va vacío. Otro día caen a la calle, echados por una portezuela abierta de la plataforma, catorce pasajeros, sólo seis se alzan vivos.
Ayer rebotó un tren contra el que venía detrás, aplastó al maquinista, y desventró el carro último y la máquina. Accidentes confesos, sin contar los ocultos, pasan de diez por mes, muchos mortales. El cuerpo entero vibra, ansioso y desasosegado, cuando se viaja por esa frágil armazón, sacudida incesantemente por un estremecimiento que afloja los resortes del cuerpo, como los del ferrocarril. En ninguna otra vía pública es más probable, ni será más terrible, la catástrofe.

Después de ofrecer sus consideraciones sobre este medio de transporte, el arquitecto se refirió a otras obras constructivas como el túnel bajo el Canal de la Mancha -que une a Francia con el Reino Unido- y al túnel ferroviario de San Gotardo en Suiza, construido bajo un macizo rocoso, del cual mostró el monumento en memoria de los trabajadores muertos.

Orestes_Castillo-Conferencia_sobre_MartiAntes de concluir invitó a los estudiantes a leer la obra del Maestro, especialmente “La historia del hombre contada por sus casas”, trabajo publicado en el segundo número de la revista La Edad de Oro,  que recoge las diferentes etapas de la historia de la humanidad según los tipos de vivienda utilizadas por los hombres. En su disertación demostró cómo las crónicas martianas mantienen su vigencia y despiertan el interés de los lectores por sus temas, valoraciones, lenguaje poético y originalidad.

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