Honrar nuestra profesión

En ocasión de la celebración el 7 de junio del Día del Bibliotecario Cubano reproducimos fragmentos de un artículo de Ileana Báez, referencista de nuestra biblioteca, que salió publicado en el Boletín Librínsula: La isla de los libros No. 328 de la Biblioteca Nacional de Cuba José Martí.

El referencista: “cómo y cuándo” de un oficio

JPG-1En las bibliotecas el servicio de búsqueda y recuperación de la información funciona como un dispositivo bien articulado, en el que todos sus componentes son necesarios y tienen un papel fundamental. Decir que un área es más importante que otra dentro de la biblioteca, resultaría injusto y debatible, porque cada sala es en sí misma un todo. Podemos decir que a partir de que el usuario se acerca a la biblioteca buscando información, muchas veces sin tener una idea exacta de lo que quiere o busca, se activan esos componentes.

El o la referencista en el desarrollo de su trabajo debe tener diversas cualidades, entre las que resulta importante señalar sus habilidades para trasmitir credibilidad, confianza y un cierto don de comunicación con el usuario, disposición de escucharlo, auxiliarlo y conducirlo, para saber qué es lo que desea, a pesar de que este no haya sabido manifestarlo de forma explícita, y para analizar y dar una respuesta inmediata, que al menos sea el punto de partida para después seguir adelante.

Otra cualidad primordial es ser un buen lector, acopiar cierta cultura y experiencia, además de una curiosidad natural que le lleve a informarse sobre hechos del acaecer diario para orientar a los usuarios, porque las preguntas que estos les formulan ponen a prueba su preparación y, sobre todo, su perspicacia y sentido de orientación. Tendrá además que poseer dedicación y amor al servicio; ser ordenado, sistemático, observador y persistente, pues algunas búsquedas resultan tan largas y tediosas que de no serlo pasaría por alto muchos indicios sin darse cuenta de su importancia.

Hoy el mundo está inmerso en un nuevo entorno digital y una nueva opción es el correo electrónico, que permite al usuario enviar al referencista un mensaje con la pregunta sobre la información que necesita y a su vez este facilita la respuesta a la información a través del mismo medio, por vía telefónica u otra forma, pero es importante señalar que el uso de estas tecnologías devienen al mismo tiempo en un desafío para el bibliotecario referencista que deberá poseer otra nueva característica: la multifuncionalidad, pues se impone el tener conocimientos para realizar búsquedas en bases de datos y otros recursos, saber seleccionar y reconocer la confiabilidad o no de algunas fuentes, y una clara capacidad de comunicación, en particular la escrita, cualidades estas que le permitirán desempeñar un papel destacado para orientar al usuario.

Unido al progreso científico-técnico, está el uso de las nuevas tecnologías de la información y nadie mejor que el especialista que se dedica a la selección, recopilación, recuperación y evaluación de la información, para orientar y llevar al éxito a profesionales y diferentes sectores de la sociedad, desde el alumno desorientado hasta el investigador destacado, también al adulto mayor que regresa al estudio al cabo de muchos años. A todos debe evacuárseles su necesidad de información y brindar la respuesta adecuada según sus intereses y necesidades, lo cual puede hacer el referencista mediante su superación constante y la perspicacia que confieren la práctica y el oficio o sea, la profesionalidad.

portada1Diría en buen sentido figurado que la Sala de Referencias recuerda un Cuerpo de Guardia. A ella llegan los que necesitan un dato que puede ser desde una curiosidad, el cómo confeccionar una bibliografía para una tesis, la respuesta para un concurso, el autor de una frase célebre, hasta un texto leído que no se recuerda dónde, y allí encuentran al bibliotecario referencista que busca una rápida y profesional respuesta para salir de un aprieto urgente.

Bien diría Antonio G. Iturbe(1): «Tener una biblioteca abierta es como tener una farmacia de guardia. En la farmacia te despachan medicinas para el cuerpo y en la biblioteca tienen montones de remedios para la melancolía, el aburrimiento o la curiosidad. ¡Vayan a las bibliotecas!»(2)

(1) Antonio G. Iturbe (Zaragoza, 1967). Estudió Ciencias de la Información en la Universidad Autónoma de Barcelona, mientras ejercía trabajos tan diversos como panadero o cobrador de recibos y en los últimos 15 años se ha dedicado al periodismo cultural. Actualmente es director de la revista de libros Qué Leer. En 2005 debutó como novelista con la novela de humor Rectos torcidos y recientemente se ha asomado al género infantil con Los casos del Inspector Cito, donde reúne las historias que leía a su hijo antes de ir a dormir. Otra obra que debe destacarse es su novela La bibliotecaria de Auschwitz: basándose en hechos reales el autor nos cuenta la historia de cómo Dita Polacheva, en un campo de concentración, se encargó de custodiar la biblioteca pública más pequeña, recóndita y clandestina que haya existido nunca.

(2) Juan José Iturbe: “Las bibliotecas son un refugio en medio de la crisis”,  en: http://www.biblioasturias.com/antonio-g-iturbe-las-bibliotecas-son-un-refugio-en-medio-de-la-crisis/  [Consulta: 3 de mar. 2014]

Consultar artículo completo en:

Boletín Librínsula: La isla de los libros, No. 328. http://librinsula.bnjm.cu/328_desde_1.html

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