Los O´Farrill, O´Reilly y Tirry Lacy entre los anfitriones de Alejandro de Humboldt en Cuba, durante sus visitas en 1800-1801 y 1804

Por Rafael Fernández Moya

La familia habanera formada por don Ricardo O´Farrill y O´Daly, comerciante,  hacendado y factor de esclavos africanos de origen irlandés, fue un factor importante en la planificación del viaje de Alejandro de Humboldt y AmadoH Bonpland a Cuba, y en cierta medida del aseguramiento económico de ellos durante su estancia en la Isla. El general Gonzalo O´Farrill y Herrera, nieto de don Ricardo, desempeñaba la función de Ministro de la Corte de España en Alemania cuando Humboldt decidió hacer su viaje a América y de éste recibió el sabio alemán cartas de recomendación que le sirvieron de gran ayuda en su ambicioso proyecto. El  barón de Humboldt permutó sus rentas en Alemania con las de Gonzalo O´Farrill y Herrera en Cuba.

El científico alemán Alejandro de Humboldt estuvo en dos ocasiones en Cuba, la primera, del 19 de diciembre de 1800 al 15 de marzo de 1801., la segunda, del 19 de marzo al 29 de abril de 1804, acompañado del médico francés Amado Bonpland. En La Habana, ellos hallaron ‘’en la familia de Cuesta, que con la de Santa María formaba una de las mayores casas de comercio de la América, y en la casa del Conde de O´Reilly, la hospitalidad más noble y generosa’’.Se alojaron en casa del primero y pusieron sus instrumentos y las colecciones ‘’en el vasto palacio del conde, cuyas azoteas eran particularmente a propósito para las observaciones astronómicas’’. Desde allí el barón prusiano y el capitán de navío Dionisio Alcalá Galeano observaron eclipses de los satélites de Júpiter. Auxiliado por este sabio marino, logró Humboldt determinar la longitud de La Habana, que en aquella época estaba equivocada en más de un grado y medio. También, con Antonio Robredo realizó Humboldt  observaciones astronómicas a fin de determinar la posición geográfica de la isla de Cuba.

Al final del siglo XVIII Juan de Santa María, representante de una casa sevillana, operaba en La Habana asociado a Juan Luís de la Cuesta, que en 1801-1802 fue el primer importador de esclavos africanos en Cuba, y su hermano Santiago, especializado en la refacción azucarera. Juan Luís de la Cuesta contrajo matrimonio con María Josefa de Azcárate y Rivas, hija de Gabriel Raimundo de Azcárate y Lascuraín, quien residió en la casa alta y baja de su propiedad en la calle Mercaderes número 18, entre Amargura y Teniente Rey, hasta su fallecimiento en julio de 1819. De la misma familia de Juan Luís eran los hermanos Pedro y Santiago Cuesta que operaron bajo la razón de Cuesta Manzanal Hermanos, sociedad comercial constituida en 1804, que fue una de las primeras en establecer un flujo mantenido de expediciones negreras exitosas. De ellos, Santiago, tuvo domicilio en la calle Empedrado entre Cuba y San Ignacio, marcada antiguamente con el número 15 y actualmente con los números 213 y 215, donde habitó hasta que en el año 1819 compró una nueva casa, en la calle Aguiar entre Muralla y Sol, marcada entonces con el número 51. Cinco años despúes, por Real Despacho de 7 de mayo de 1824 se le concedió el título de Conde de la Reunión de Cuba. El inmueble de la calle Empedrado es actualmente la sede de la Fundación Alejo Carpentier.

 Muy diversos deben haber sido los temas de conversación entre Humboldt, Bonpland y el conde de O´Reilly. Con seguridad hablaron sobre la gestión de gobierno del Capitán General  don Luís de las Casas, tío del Conde, que desde 1790 hasta 1795 dotó a la capital de la Isla de tres instrumentos fundameentales para el desarrollo de una verdadera obra de acción pública..el Papel Periódico, que dirigió desde 1795 el militar y destacado poeta habanero Manuel de Zequeira y Arango en compañía del Dr. Tomás   Romay., la Sociedad Patriótica y el Real Consulado de Agricultura y Comercio. Los visitantes mostraron interés en los conocimientos de su anfitrión relacionados con la producción azucarera. El Conde dirigía el ingenio ‘’Alejandría’’ en tierras de Guines, cuyo trapiche fue construido por el francés Esteban La Fayé, el técnico azucarero más sobresaliente de la época y el primero en calcular los rendimientos sobre el peso y no sobre las caballerías de caña cortada.

El barón de Humboldt y Bonpland fueron agasajados por Joaquín de Santa Cruz y Cárdenas, conde de Jaruco y Mopox, quien estaba casado con María Teresa Montalvo y O´Farrill, sobrina del general Gonzalo O´Farrill, y residía en la calle Habana a pocos metros de la puerta de La Punta, donde pasó parte de la infancia su hija María de las Mercedes Santa Cruz y Montalvo, Condesa de Merlín, etapa evocada por ella en su libro ‘’Viaje a La Habana’’, de 1842, cuando a la entrada del barco en la bahía habanera en el cual venía procedente de Europa, admirando el paisaje urbano señaló, ‘’… ya distingo el balcón de la casa de mi padre, que se prolonga frente por frente al castillo de la Punta. A un lado hay un balcón más pequeño…. Allí era donde, siendo yo  niña, contemplaba el cielo estrellado y resplandeciente de los trópicos. Allí donde, al ruido sordo y regular de las olas que se deshacían en espuma sobre la playa, exhalaba mi alma sus primeros perfumes…’’ Allí pudieron Humboldt y Bonpland relacionarse con los miembros de la Comisión de Fomento de la colonización de la Isla presidida por su anfitrión desde 1797 hasta 1802, que estuvo integrada, entre otros, por el general Juan Montalvo y O´Farrill y el general de ingenieros Juan Tirry y Lacy, heredero del título de Marqués de la Cañada, autor de una Memoria y de un plano de Isla de Pinos, cuyo extremo norte, fue denominado en su honor Punta de Tirry.

El interés de Humboldt por la producción azucarera lo llevó hasta el campo. En Guines él y Bonpland visitaron  los ingenios azucareros ‘’La Holanda’’, de don Nicolás Calvo de la Puerta O´Farrill, quien le acompañó en sus dos excursiones realizadas durante su primera visita a la Isla.,  ‘’La Ninfa’’, de Francisco de Arango y Parreño y el ‘’San Ignacio de Río Blanco’’ del Conde de Jaruco y Mopox. Tanto ‘’La Holanda’’ como ‘’La Ninfa’’ eran considerados como los ingenios azucareros de más alta productividad en su época, habiendo sido el cerebro constructor de los mismos, el técnico francés Julián Lardiére, traído a Cuba por Nicolás Calvo de la Puerta y O´Farrill. En la casa del Conde de Jaruco y Mopox en Río Blanco, el barón de Humboldt hizo el ensayo de muchas construcciones nuevas, con el fin de disminuir el gasto de combustible, de rodear el hogar de sustancias que conducen mal el calor y conseguir que los esclavos sufrieran menos atizando el fuego.

Pedro Pablo O´Reilly y de las Casas, segundo conde de O´Reilly, era hijo del general irlandés Alejandro O´Reilly, quien restableció en 1763 el mando militar español en la Isla, cuando las tropas inglesas se retiraron de La Habana tras once meses de su ocupación. El 11 de noviembre de 1792 casó en la Catedral de La Habana con María  Francisca Calvo de la Puerta y del Manzano, tercera Condesa de Buena-Vista, hija de José Francisco Calvo de la Puerta y O´Farrill, segundo poseedor del título y sobrino del general Gonzalo O´Farrill, estableciéndose así el vínculo familiar entre dos importantes familias habaneras de ascendecia irlandesa. Su primogénito hijo Manuel O´Reilly y Calvo de la Puerta fue bautizado en la Catedral el 29 de enero de 1797.

En la esquina NO de las calles San Ignacio y Muralla, o Ricla,  frente a la Plaza Vieja y marcado actualmente con el número 368, tuvo su residencia al final del siglo XVIII el matrimonio formado por el segundo Conde de Buena Vista y la Marquesa de Jústiz de Santa Ana, compartiendo el inmueble su hija María Francisca con su esposo el Conde de O´Reilly. Marcada antiguamente con el número 78, fue la casa que fabricó y habitó don Laureano de Torres, natural de Sevilla, Gobernador y Capitán General de esta Isla, la cual fue dañada por un incendio en 1894.

El historiador Armando Bayo afirma que la residencia del conde de O´Reilly estuvo situada en dicha calle entre Muralla y Teniente Rey, hoy con el número 364. Contigua a ésta y marcada con el número 360 estaba la casa que en 1784 había pasado a ser propiedad  del capitán Sebastián Calvo de la Puerta y O´Farrill, hermano del segundo conde de Buena Vista y marqués de Casa Calvo desde 1786, quien fue una de las personalidades que agasajaron a Humboldt y Bonpland. Pero, la duda se aclara en el documento emitido con motivo de la venta que realizó en abril de 1812 la Marquesa de Jústiz y Condesa viuda de Buena-Vista a Francisco Polo, de una accesoria que era la última de las de la casa alta y baja de su propiedad, situada en la esquina de San Ignacio y Ricla en la que vivía Francisco del Valle, lindante con la casa mortuoria de Roberto Madan. Debió tratarse este último de Roberto Jorge  Madan y Commyns, nacido en 1736 en el Puerto de la Orotava, Canarias, cuyos padres eran naturales de Waterford, Irlanda, y falleció aquí en mayo de 1811. Era abuelo del rico hacendado habanero Cristóbal F. Madan y Madan

La tercera condesa de Buena-Vista era hija de María Josefa Aparicio del Manzano y Jústiz y nieta de Manuel José Aparicio del Manzano y Jústiz, primer Marqués de Jústiz de Santa Ana, y de Beatríz Agustina Jústiz y Zayas-Bazán, quien testó el 6 de noviembre de 1802 y murió el siguiente año 1803, después de haber nombrado albacea y tenedora de sus bienes  en primera instancia, a su hija María Josefa, y en segunda, a su otra hija nombrada María de la Concepción Aparicio del Manzano y Jústiz, casada con Miguel de Cárdenas y Chacón, segundo Marqués de Prado Ameno., así como al conde Pedro Pablo O´Reilly, ‘’su hijo y nieto político’’ para que cumplieran su disposición.

Frenta a la Plaza Vieja, en la esquina de las calles Mercaderes y Muralla está situada la antigua residencia de Francisco Franchi-Alfaro y Ponte, poseedor del título de marqués de la Real Proclamación, casado con Isabel Lemaur  y de la Muraire, de origen francés y hermana de los ingenieros Francisco y Félix Lemaur, con quienes el barón de Humboldt recorrió los llanos de Guines por donde cruzaría la proyectada vía acuática de Batabanó a La Habana. Ellos mostraron sus experiencias y suministraron importantes datos al científico alemán.

La esquina NO de las calles Oficios y Muralla estuvo ocupada por la Casa Cuna, asilo    destinado a albergar a los niños expósitos que tenía la puerta principal por la calle de los Oficios, siendo la casa de esta calle marcada con el número 31 antiguo, esquina a Muralla, propiedad de los marqueses de Jústiz de Santa Ana, en la cual vivió alquilado don Andrés de Jáuregui, miembro de la Sociedad Patriótica que en 1801 y 1804 fue uno de los principales compañeros y auxiliares de Humboldt, a quien suministó valiosa información para su obra sobre Cuba. La esquina SO, por la casa número 56 perteneciente al mayorazgo fundado en 1570 por Antonio Recio y Castaño, que fue heredado por Manuel Rafael Recio de Morales y González Carvajal, de su tío-abuelo Gonzalo Recio de Oquendo y Hoces, primer Marqués de la Real Proclamación, muerto en 1773. Actualmente es la sede del centro cultural Casa Humboldt y en su fachada principal exhibe una tarja conmemorativa de la  visita del sabio alemán a Cuba y de sus actividades científicas, aunque no fue en la azotea de ese inmueble donde el científico alemán realizó las observaciones astronómicas.   

El espacio de la esquina NE, entre Muralla y Churruca, pertenecía a uno de los edificios admirados por Humboldt,  la Comandancia de Marina, figurando entre sus oficiales el capitán de navío Dionisio Alcalá Galeano, colaborador del científico alemán en sus mediciones científicas. Frente a la casa de los Recio, por la calle Oficios, estuvo la residencia del Marqués de Jústiz de Santa Ana, casa alta  y baja situada entre Muralla y Sol y marcada con el número 11, la cual lindaba por un costado con la de Francisco de León Galera, que hacía esquina en Muralla., por el otro, con la de Ana Monteser, y por el fondo con la casa del Rey, sede de la Comandancia de Marina, construida en la zona de la Machina, lugar de la bahía donde se reparaban embarcaciones. Lindaba también con una casa baja de la calle Sol que la marquesa doña Beatríz dejó en usufructo a su protegida María de la Peña, lindante a su vez con la de Juan Fajardo Covarruvias y Montalvo, situada en la calle San Pedro esquina a Sol, que pasó a la historia como la Casa del Conde de la Mortera.

Según relata en su autobiografía el esclavo poeta Juan Francisco Manzano, hijo de una esclava predilecta de la maquesa de Jústiz, de quien fue el niño mimado, él nació y creció en esa casa, contemporáneo con los niños Miguel de Cárdenas Manzano, hijo del segundo marqués de Prado Ameno, y Manuel O´Reilly Calvo de la Puerta, hijo del segundo conde de O´Reilly, integrantes de dos familias que vivían allí en tres casas reunidas en una grandísima y hermosísima, contígua a la Machina. Posteriormente  vivió Juan Francisco con su maestra y madrina de bautismo Trinidad de Zayas, en el solar del conde O´Reilly en la calle Inquisidor, casa marcada antiguamente con el número 68 y actualmente 406, entre Sol y Muralla.

En la casa mortuoria de doña Beatríz habitó desde su infancia  Manuel O´Reilly y Calvo de la Puerta, cuarto conde de Buena Vista, tercer conde de O´Reilly y marqués de Jústiz de Santa Ana, quien fue Alcalde de La Habana en 1829 y posteriormente Alguacil Mayor perpetuo del Ayuntamiento habanero, por lo cual se conoció por la casa del conde de O´Reilly como la identifica Pezuela en su Diccionario. Ese inmueble, donde también residió el teniente coronel Fernando O´Reilly, hermano de Manuel, sobrevivió hasta mediados del siglo XX., pero fue demolido posteriormente y en su sitio se construyó el actual parque Humboldt.

 A poca distancia de la casa de la marquesa de Jústiz de Santa Ana, en dirección a la Alameda de Paula, en la calle  Oficios esquina a Sol marcada con el número 19 estaba situada la casa de Antonio José Beitía y Castro, Marqués del Real Socorro, quien también atendió al barón de Humboldt en sus excursiones rurales. Estaba casado con María Luisa O´Farrill y Herrera, nieta del factor de esclavos Ricardo O´Farrill y O´Daly, dama culta y aficionada a la música que en el año 1792 logró gran popularidad en La Habana tocando el clave.

El barón de Humboldt fue recibido en el Palacio de Gobierno por el Capitán General Salvador del Muro y Salazar, Marqués de Someruelos, al tener éste noticias de que el científico alemán era portador de unas cartas del Ministro español don Mariano Ruíz de Urquijo y del prominente habanero Gonzalo O´Farrill y Herrera, expresando el interés del rey Carlos IV en su favor. El Palacio de Gobierno era entonces, además, la sede de dos importantes instituciones de carácter cultural y social presididas por el propio Gobernador, tales como la Sociedad Patriótica, posteriormente Sociedad Económica de Amigos del País y el Real Consulado de Agricultura y Comercio, después Junta de Fomento. Posteriormente se decidió que esta última corporación  funcionara en la casa de Obispo número 1 esquina a Baratillo, frente  a la Plaza de Armas.

El científico alemán estuvo presente el 13 de junio de 1804 en la sesión de la junta de la Sociedad Económica presidida por el Marqués de Someruelos, en la que participaron además Francisco de Arango y Parreño, destacado por sus estudios sobre la economía y la esclavitud, a quien Humboldt calificó como ‘’el estadista más eminente de su patria’’., el sacerdote Félix Fernández de Veranes, el coronel de ingenieros Juan Tirry y Lacy., así como los principales dirigentes económicos de la corporación. En esa reunión, el barón de Humboldt leyó en español el estudio que había realizado sobre las investigaciones mineralógicas en las elevaciones de Guanabacoa, el cual fue publicado en 1812 en el ‘’Patriota Americano’’ bajo el título ‘’Noticias mineralógicas del Cerro de Guanabacoa’’

La Sociedad Económica, formada por ilustres representantes del ensayo - Copypoder económico y del sector científico, fue una de las principales instituciones que propiciaron el vínculo para las relaciones y actividades científicas de Humboldt en La Habana. Personalidades como Andrés de Jáuregui, don Francisco de Arango y Parreño., así como don Antonio del Valle Hernández,  Secretario del Real Consulado, fueron quienes mucho ayudaron al sabio alemán, poniendo a su disposición los datos del comercio, población y agricultura del país, que le sirvieron para escribir su interesante ‘’Ensayo político sobre la isla de Cuba’’

 

 

 

 

 

 

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