El enigma de la amante horrible

Abrió la mano trágica; me tomó del cabello;
me suspendió a la altura de su boca entreabierta;
y todo el cuerpo flácido colgante de mi cuello,
se balanceó en su risa, como una cosa muerta…

Un coro de pavuras, en un grito reacio,
se me subió a los labios atropelladamente;
y Ella miró tan hondo, tan fijo, tan despacio,
que su mirada horrible me barrenó la frente.

¿Cuál es la meta negra de sus designios rojos?…
Aún hoy sufro en el puño férreo que no se encorva
sus mordeduras cálidas y sus ósculos fríos…

Yo la miro hasta el fondo lóbrego de los ojos,
v sólo hallo en sus ojos mi propia imagen torva
mirándose en el fondo lóbrego de los míos…

Rubén Martínez Villena

1923

 

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