La peste negra en La Habana de 1761

Por: Jacobo de la Pezuela
En: Historia de la Isla de Cuba

(1761)

Poco después y en menguada hora, llegaron de distinta procedencia algunos presidiarios enviados de Veracruz para las obras de fortificación, que en lugar de servir de auxilio para acelerarlas, afligieron a la ciudad con una plaga inextinguible.

Inficionados con la peste allí reinante entonces, difundiéronla con rapidez por la población, la escuadra y los cuarteles. No sabía la medicina qué terapéutica aplicar a un mal que se propagaba por el aire y el contacto; que inauguraba su funesta marcha con postración, dolores de cabeza y de cintura, y la proseguía con fiebre aguda, para terminarla con delirios y vómitos de sangre corrompida y negra. Por lo común duraba cinco días; y si la facultad no la atajaba en el primer período o en el segundo, en el tercero la muerte del enfermo era infalible.

…entre marineros y soldados perecieron mas de mil y ochocientos hombres en aquel verano; y fue tan raro el natural del país atacado por la enfermedad, como el europeo que sobrevivió a su acometida.

…no bastando para los enfermos, los hospitales de San Juan de Dios y de Betlen, ni otro que establecieron para los de marina, junto a la factoría, habilitó el obispo Morell a sus expensas las casas necesarias para recibirlos. Felizmente aflojó por octubre, al compás que el ardor de la temperatura, una epidemia conocida en la isla, como en otras partes desde entonces, con el estigmático nombre de “vómito negro”.

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