Federico García Lorca, el gran poeta español, amaba las bibliotecas

Por el promotor de lectura Adrián Guerra Pensado

El texto que Federico García Lorcafederico_garcia_lorca leyó en la inauguración de la biblioteca de su pueblo, Fuente Vaqueros, en septiembre del año 1931, es una demostración muy emotiva de que guardaba una biblioteca en su corazón. Dijo cosas como: “no tengo nunca un libro, porque regalo cuantos compro, que son infinitos, y por eso estoy aquí honrado y contento de inaugurar esta biblioteca del pueblo, la primera seguramente en toda la provincia de Granada”.

No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro. Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales, que es lo que los pueblos piden a gritos”.

“Yo tengo mucha más lástima de un hombre que quiere saber y no puede, que de un hambriento. Porque un hambriento puede calmar su hambre fácilmente con un pedazo de pan o con unas frutas, pero un hombre que tiene ansia de saber y no tiene medios, sufre una terrible agonía porque son libros, libros, muchos libros los que necesita y ¿dónde están esos libros?”

Él mismo había sugerido la idea de crear esa biblioteca, y la idea se hizo realidad. Luego llegó la guerra y la biblioteca desapareció… No fue hasta 1988 que Fuente Vaqueros tuvo de nuevo biblioteca pública y, desde 2008, el pueblo tiene su “Biblioteca Pública Federico García Lorca”.

El legado cultural de Federico García Lorca es eterno y, sobre todo, muy valioso. Todos hemos crecido con poemas tan bonitos como El lagarto está llorando y otros como La mariposa y tantos más que dedicó a los pequeños.

Poema de Federico García Lorca

El lagarto está llorando.
La lagarta está llorando.
El lagarto y la lagarta con delantalitos blancos.
Han perdido sin querer su anillo de desposados.

¡Ay! su anillito de plomo,
¡ay! su anillito plomado
Un cielo grande y sin gente
monta en su globo a los pájaros.

El sol, capitán redondo,
lleva un chaleco de raso.
¡Miradlos qué viejos son!
¡Qué viejos son los lagartos!

 

 

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