El Casino de la Playa

En: Revista Arquitectura (1930)

En el l919 se inauguró en la Playa de Marianao el Gran Casino Nacional. Amparado por la Ley que regula el Turismo con toda cla­se de juegos permitidos en establecimientos de esta índole, su rápida construcción fue de todo pauto necesaria. Vestida la Habana de gran capital, sumamente rica en aquella época, con mucho movimiento de pasaje en su puerto, además del que nos trae la benigna estación invernal, no es extraño que en unas construc­ciones provisionales, con ligeras cimentaciones de concreto, estructura de madera con malla metálica, revestida con arena y cemento y en­lucidos de masilla y yeso, se gastaran cerca de un millón de dollars.

Dirigido en principio por el Arquitecto Goyeneche en sus fachadas clásicas hechas con materiales ligeros y en sus cubiertas de fibro-cemento con fuertes pendientes, se apreciaba un marcado sabor suizo. Contrastaba esta silueta exótica en el marco asoleado de la Playa.

fuente_lumonisa_casino_de_la_playa_1930De esta misma época data la fuente lumino­sa, obra del escultor Aldo Gamba, que reproducimos anteriormente. Esta ronda de bailarinas que Gamba traduce con técnica realista y que un maravilloso equilibrio sostiene al borde de la taza, nos recuerda de lejos aquella otra ron­da, que Carpeaux hiciera bailar por primera vez alrededor del Apolo en su Grupo de la Ópera.

Solo que aquí la danza pagana se hace en ho­nor del potente chorro de agua. Esta fuente se anima en la noche azul del trópico y el agua y el color que caen de lo alto, hacen vibrar, todo el movimiento que encierra recortán­dose en su fondo, todo luz, sus simpáticas figuras, plenas de juventud.

Más de un idilio tiene en su haber esta fuente.

En el 1928, al efectuarse la venta de la playa juntamente con el casino a una compañía concesionaria Norte Americana, ésta ordenó los planos de reformas a los arquitectos Schultz and Weaver, de New York, quienes modifica­ron la Porte Cochere, vestíbulo, cuarto de seño­ras, de caballeros y la nueva decoración del gran comedor. La fachada de la Porte Cochere fué terminada por los arquitectos newyorkinos en estilo clásico, el motivo de Paladio, con mía gran vidriera transparente, paneles con relieves en el friso y una banda horizontal como remate en la cual inscriben el título.

vestibulo_casino_de_la_playa_1930Schultz and Weaver obtienen un éxito fran­co en el vestíbulo, cuyo interior reproducimos, y aquí se ve fácilmente, como una estilización del dórico griego más puro, acentuadas con oro y rojo las entrecanaluras de sus pilastras, a fin de que las verticales dominen, y con nuevos elementos decorativos que le forman un zócalo a la manera pompeyana, se puede obtener un exquisito aspecto moderno, que hace honor a sus autores.

El cortinaje con sus grandes conchas o es­camas clásicas, los espejos, el piso y la simplicidad del plafond, completan con los colores de sus materiales un tono armónico, a la altura de cualquier otro edificio similar de Europa o de América.

Pero si Schultz, and Weaver, triunfan en el vestíbulo o foyer creado por ellos en todas sus piezas; no menos franco es el éxito que obtie­nen en el decorado del comedor, cuyo plano reproducimos. Aquí las dificultades son mayores, aquí tienen que decorar unos grandes pilares de sección cuadrada, desproporcionados, que cargan formidables arquitrabes y le llamamos formidables por su espesor. Casi nos dan la impresión de estar soportando un rascacielo.

Las dimensiones de estos pilares y arquitra­bes ópticamente serán disminuidas por ellos, subdividiéndolos con pequeños elementos. Y así se observa cómo cuatro pequeñas pilastras ado­sadas en los ángulos, son sus capiteles dorados, nos impiden apreciar de un golpe de vista la verdadera dimensión del pilar. En los arqui­trabes la introducción de franjas con relieve, bandas y recuadros con distintos tonos, tam­bién parecen disminuir su espesor.

El fondo del plafond, a su vez, será reducido por los mismos elementos de franjas y recuadros, con relieves y pinturas en los centros, formando el todo un gran marco, donde se ins­cribe el motivo principal con su bello rosetón, y los dos secundarios con esculturas en bajo relieve.

Oscilando desde el estilo imperio hasta el moderno, a causa de la poca profundidad del  ornamento, las grandes superficies tranquilas de la sala, la fineza del detalle junto con la corrección del dibujo, hacen de esta composi­ción una de las mejores de la Habana.

El diseño de las lámparas es obra de los pro­pios arquitectos. El costo de estas obras ejecutadas en el 1928, ascendió a la cantidad de $300,000.

En el 1929 se encomendó al arquitecto Emilio de Soto las últimas reformas del Casino, consistentes en: ampliación de la nueva entra­da de tourista (donde nuestro compañero si­guió las huellas de Schultz and Weaver, vién­dose obligado a repetir el mismo motivo para darle unidad a las fachadas), gran salón de juego, vestíbulo, salón de señoras, salón de ca­balleros, “comptoir”, barra, todo en arte nue­vo a excepción de la cantina que fué ordenada en estilo renacimiento español acentuado.

Emilio de Soto, en su proyecto para la Gran Sala de Juego, completa el Casino, y por la nobleza y simplicidad de sus volúmenes, por lo acertado de sus detalles y la fineza de cada elemento, logra una obra moderna y nueva, que ilustra su carrera.

Nada distrae la atención en esta sala, casi monocroma; la calma de sus colores, la seguri­dad de cada motivo en su sitio, sin esfuerzo aparente, produciendo una impresión de agra­do y confort, hacen concentrar la mirada so­bre las mesas de juegos.

Estos planos horizontales que escalonados avanzan en el plafond van a encerrar un último plano con casetones lumínicos donde se inscribe el casquete elíptico todo lleno de luz que for­ma el motivo principal de la composición y por su modernidad y novedad constituyen un bello acierto.

Las lámparas, los apliques, la gran consola de hierro forjado, las colgaduras y los muebles justifican lo anterior y la personalidad del ar­quitecto.

bar_casino_de_la_playa_1930El decorado del bar en estilo español es una obra de mérito.

Las obras ejecutadas por Emilio de Soto, se realizaron en 67 días.

Si Schultz and Weaver triunfaron en el ves­tíbulo y en el decorado del comedor, Emilio de Soto con igual acierto triunfa en la Gran Sala de Juego y en el decorado del Bar, lográndose un todo que honra a la Habana y un Gran Ca­sino que, como dijimos anteriormente, está a la altura de los mejores de Europa y América.

El éxito alcanzado en esta obra, y justo es consignarlo, pertenece en gran parte al Presidente y Vicepresidente de la Compañía propie­taria, Sres. John Mac. Entee Bowman y Miguel Suárez.

 

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