La vida habanera en 179…, según el Papel Periódico

Por: Emilio Roig de Leuchsenring
En: La Habana de ayer, de hoy y de mañana (1928)

Aunque desde el año de 1782 existía en la Habana una Gaceta, dedicada tan sólo, según nos dice Bachiller y Morales, a noticias y anuncios, la primera publicación periódica literario-económica de Cuba no aparece hasta el 31 de octubre de 1790, en que gracias a las iniciativas y trabajos de D. Luis de las Casas, llegado a Cuba tres meses antes, vio la luz el primer número del Papel Periódico de la Habana.

En ese año y en el siguiente de 1791, durante los cuales se publicaba el periódico una sola vez a la semana en la Imprenta del Gobierno no hemos encontrado más que un artículo, el 22 de diciembre de 1791, Reflexiones sobre la manía de versar. Desde enero de 1792 empezaron a tirarse dos números a la semana, los jueves y domingos y ya en ese mismo mes y año podemos leer en las páginas en cuarto del Papel artículos de costumbres publicados, no de tarde en tarde sino con frecuencia, como obedeciendo a un propósito decidido de sus redactores, propósito que vemos confirmado en un artículo Discurso sobre el Periódico, que aparece en el número de 5 de febrero de 1792. Uno de los fines de este periódico, dice el mencionado artículo, será: “Atacar los usos y costumbres que son perjudiciales en común y en particular; corregir los vicios, pintándolos con sus propios colores para que mirados con horror se detesten, y retratar en contraposición el apreciable atractivo de las virtudes“. Y en otro párrafo incita a los aficionados a la literatura para que colaboren “por semanas alternativamente o según quisiesen acordarlo“. Y así, añade, “con el tiempo tendrían la satisfacción de ver alguna enmienda en las costumbres o vicios contra que declamasen.”

Y, efectivamente, por el Papel Periódico podemos conocer el carácter y costumbres de aquella época, movimiento social, necesidades, modas, lecturas…. Muy aficionadas eran a las novelas las muchachas de entonces, según parece, pues en el número del Papel de 16 de enero de 1792 un señor, que firma con el seudónimo de Teamo, dirige una carta A las Señoritas de la Habana recomendándoles desechen, por nociva, la lectura de “Libros de novelas“.

Sobre educación, hay un artículo en el número de 19 de enero que nos da a conocer perfectamente el atraso en que se encontraba la enseñanza y los maltratos y castigos que sufrían los muchachos. Basta leer solamente el título del trabajo: Pensamientos sobre los medios violentos de que se valen los maestros de escuela para educar a los niños.

 En los números de 22 de enero y 2 de febrero se reproducen, por ser aplicables a Cuba, dos cartas del Mercurio Peruano firmadas por Eustachio Philomates, sobre el “Abuso de que los hijos tuteen a sus padres“. Se diserta también en esos meses sobre las “Amas de leche“.

El carácter y costumbres de las habaneras los encontramos descritos por El Europeo Imparcial en el número de 22 de julio en esta forma: “Su religión, su piedad, su celo por el culto divino y de los santos, que no es el común como muchos opinan, supersticioso y fanático, el trato político y afable, el cultivo de sus republicanos, el aseo que inspira a su genio, hasta en los que no lo han usado, la magnificencia de sus trenes, saraos, convites, concurrencias, funciones, así sagradas como profanas, su paseo por lo que mira a la multitud de carruajes en el todo brillantes, manifiestan altamente que la Habana ha hecho, no algo sino mucho, como es notorio por su fomento y lustre.”

Sobre el baile, que entonces parece era muy raro que se celebrase alguno, pues en el número de 16 de diciembre vemos un anuncio: “Se avisa a los Señores que hoy hay baile“, encontramos una animada controversia. José Follotico trata de introducirlo y publica un programa de los bailes que piensa dar, entrando después en consideraciones sobre esta diversión, siendo ayudado en su empresa por un señor que ocultándose con el seudónimo de José de la Habana lo defiende y llega hasta proponer en el número de 25 de noviembre “que todos los años en el último baile la señorita que se hubiese portado con más modestia y gracia y que hubiese agradado más a todos según el juicio del Parque fuese honrada con una corona de mano del Magistrado y distinguida con el título de Reina del Baile que llevaría todo el año.”

Otros varios señores y principalmente un tal D. Miguel de Cádiz combaten rudamente el baile por inmoral y perjudicial a la sociedad, sacando a colación, en sus ataques, a Herodes, a Salomé, a Ana de Bolena y citándonos textos latinos y de los Santos Padres.

Haríamos demasiado extenso este capítulo si continuásemos citando todos y cada uno de los artículos que sobre nuestras costumbres contiene el Papel Periódico hasta el mes de mayo de 1805 en que dejó de publicarse para aparecer el dos de junio del mismo año con el título de Aviso de la Habana, cambiando nuevamente este nombre por el de Diario en 1810.

Encuéntrase también en éstos, muchos artículos de costumbres, de los que no diremos nada tampoco por la razón antes expuesta. Vamos a mencionar tan sólo algunos de los trabajos que hemos examinado en la colección del Papel Periódico del año 1804 y 5. En el número de 17 de mayo de 1804 hay un soneto, “Devoción de un petimetre el día de fiesta“, en el que se pintan las costumbres y modas de éstos.

Sobre las modas de los hombres se trata también en el número de 17 de marzo de 1805, “Moda del día“. Parece que entonces se usaban unas prendas muy largas y otras muy cortas, pues nos dice Sigarito, el articulista, que los hombres vestían.

Calzón, corbata y botas, en creciente.

“Casaca, chaleco y pelo en menguante.”

Durante el mes de septiembre de 1804 sostienen una animada polémica sobre el lujo, Buenaventura Socarrillo y el “Redactor Interino”.

 Pésimo era, según leemos en el número de 13 de noviembre, el estado de suciedad y abandono en que se encontraban las calles; y pésimas eran también, octubre 30 de 1804, las condiciones del Teatro Principal.

 El Criticón de la Habana, censura en el número de 20 de noviembre y en un trabajo, “Paseo de la Alameda“, la costumbre, que él considera risible, que tienen los habaneros de pasear. El paseo se reduce según él, a dar un millón de vueltas en los volantes, desde la media tarde hasta después que el sol desaparece, alrededor de la fuente y la Alameda. “Gracias, dice, que allí se puede contemplar a las mujeres y ver sus brazos de alabastro arrostrando el pudor y despreciando la intemperie, y que allí, por último, es donde el carmín vivificante, triunfando de la injuria de los años presenta una multitud de máscaras juveniles, baxo cuyo barniz se ocultan las palideces y las arrugas“. Termina criticando la costumbre que tienen las mujeres de pintarse.

Y por último, en el número 4 de diciembre de 1804 hay un “Extracto de lo que suele acontecer en los velorios” en el que se nos da a conocer cómo éstos llegaban a ser verdaderas fiestas, al extremo de que encontrándose el articulista frente a una casa donde se velaba un cadáver, se le acercó uno de los amigos del muerto a decirle: “Entre usted a divertirse en el velorio, que para todos hay y para más que vengan“.

 

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